El papel de los trabajadores en la formación de la cultura nacional

Por: Raúl Guadalupe de Jesús

La cultura nacional puertorriqueña se formó bajo el proceso de dominio y explotación del imperialismo español. La protohistoria de la clase trabajadora nuestra se forjó en el proceso inicial de las primeras comunidades campesinas cimarronas. Esas comunidades compuestas por cautivos criollos, por esclavos provenientes de las islas de nuestro archipiélago, por pardos y mulatos, crearon una relación singular con el territorio. Crearon unas relaciones sociales y naturales asentadas en unos vínculos de solidaridad y producción colectiva en la contraplantación que el estado colonial español fue reestructurando pero que no logró disolver en su totalidad. De esas relaciones sociales y naturales surgieron los lazos nacionales de nuestra comunidad antillana.

Cuando se realiza la invasión imperialista de los Estados Unidos, ya la nación puertorriqueña existía, nutrida y sustentada por la clase obrera. Las clases propietarias criollas ya habían establecidos lazos de relaciones estratificadas con los sectores de los trabajadores en un horno transmutativo en donde se cocieron los elementos comunes de nuestra comunidad nacional. Fue, bajo la presión de las luchas sociales que incluyó la revolución de Lares de 1868, que el gobierno español tuvo que acceder a la abolición de la esclavitud y del régimen de la libreta de jornal. Ciertamente, la guerra anti-imperialista cubana constituyó una presión política sobre el gobierno español.

Entre los años de 1868 al 1873, posterior a la revolución de Lares, adviene un lustro que podríamos denominar como uno determinado por las resonancias de las demandas de la revolución del 68′. Este coincide con el período de gobierno liberal en la península. A partir de la dialéctica de los procesos históricos, considero que el poder imperialista no es uno impermeable a las luchas sociales que se realizan en sus colonias. La revolución en el Caribe entre 1868 y 1878 obligó a la metrópolis española en algunas coyunturas a reformular su política colonial. Con la abolición de la esclavitud, demanda de la revolución puertorriqueña del 68, se asientan los inicios de la clase obrera moderna puertorriqueña (investigación en proceso).

Sucede que como decía Marx: ´´El régimen del capital presupone el divorcio entre los obreros y la propiedad sobre las condiciones de realización de su trabajo. … proceso que de una parte convierte en capital los medios sociales de vida y de producción, mientras de otra parte convierte a los productores directos en obreros asalariados. La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción. Se llama originaria porque forma la prehistoria del capital y del régimen capitalista de producción´´ (El Capital, Tomo I, página 608).

García y Quintero nos dicen sobre este proceso lo siguiente: ´´El crecimiento urbano fue el resultado de las transformaciones ocurridas en la economía esclavista y feudal (tengo mis reservas sobre este último concepto) a partir de la década de 1870 y cuyas repercusiones en la vida de los trabajadores fueron significativas. La falta de esclavos y el encarecimiento de sus precios, la extensión del cultivo y la renovación técnica de la industria azucarera provocadas por la competencia de remolacha en los mercados internacionales y el triunfo del liberalismo en España a partir de 1868 –entre otras razones- aceleraron la crisis y la abolición de la esclavitud y del trabajo servil, punto de partida de una mayor movilidad entre el campo y la ciudad y el desarrollo de un mercado libre de trabajo. Este proceso fue activado por la fundación de las primeras centrales azucareras modernas a partir de 1873. Estas, en su afán de acrecentar la superficie cultivada, transformaron a muchos agregados y pequeños propietarios en asalariados y privaron a los trabajadores del acceso a la tierra disfrutado anteriormente’’ (Desafío y solidaridad, 15-16). Este divorcio entre los trabajadores y los medios de producción fue vigilado y dirigido por una metrópolis y un capital extranjero.   A su vez, produjo de forma acentuada la transformación de las formas esclavizantes de trabajo en otras formas, también esclavizantes, como el régimen de trabajo asalariado. Esta historia hay que precisarla con nueva data empírica y con una perspectiva científica en la investigación del desarrollo del capitalismo colonial y la clase trabajadora en nuestro país. Además, incluir otra dimensión de la geografía económica interior de la isla donde las haciendas cafetaleras operaban promoviendo unas relaciones de propiedad diferentes a las producidas por la producción azucarera.

La segunda mitad del siglo XIX es el escenario del origen de la clase trabajadora asalariada puertorriqueña bajo los estrictos marcos determinantes de la economía de mercado. Nuestras relaciones comerciales en términos de mercancías en exportación e importación se sostenían con dos imperios coloniales, España y Estados Unidos (considero la conquista del oeste y la guerra con México como conquistas coloniales).

Este proceso lleva a que la clase trabajadora puertorriqueña organice sus primeras organizaciones mutualistas, gremios y casinos. Además, desarrolla una prensa obrera vigorosa que incentiva el espíritu de lucha y solidaridad, como lo evidencia las huelgas obreras en la década de 1890. Cuando se realiza la invasión imperialista de 1898, ya la clase trabajadora puertorriqueña caminaba sobre sus propios pies con una cultura popular y obrera singular. Cultura popular nacional que se venía desarrollando desde las entrañas de la esclavitud, las comunidades campesinas cimarronas y el trabajo a jornal.   Una cultura producida por el sector que produjo, y que todavía produce, la riqueza social de la colonia. Ramón Romero Rosa, uno de nuestros dirigentes obreros a principios de siglo XX trazó de forma intuitiva, pero lúcida, los orígenes históricos de la clase obrera puertorriqueña. En una polémica que sostuvieron él y Eduardo Conde con Ramón Castro Rivera en 1901, a raíz de unas declaraciones públicas de Castro Rivera contra los puertorriqueños negros, Romero Rosa sostuvo: ʺLos hijos de África, entiéndase bien, los desgraciados seres traídos para colonizar esta indiana región, formaron nuestro primer pueblo trabajador después de la conquista. Y sería faltar a la razón y a la justicia, si se negara que la riqueza productiva de este suelo se debe casi en absoluto a todos esos desventurados trabajadores, esclavos dos veces de la tiranía patronal y de la del Estado´´ (La Miseria, 27 de marzo de 1901, Literatura puertorriqueña negra del siglo XIX, Roberto Ramos Perea, 344).

Ante la celebración del Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, los historiadores, estudiantes, sindicatos y la clase obrera puertorriqueña no deben olvidar sus orígenes. Es un deber histórico reforzar la conciencia y el conocimiento del papel central de la clase trabajadora en el proceso de formación de la cultura nacional y de la riqueza material que se nos fuga por los canales de una economía colonial orientada (y controlada) hacia el mercado estadounidense.

El autor es historiador, poeta y profesor de Literatura en la UPR en Bayamón y del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Miembro de la Junta Pedro Albizu Campos.

 

 

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Acerca de raulguadalupedejesus

Profesor de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Bayamón y del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe Historiador, ensayista y poeta Publicaciones: Poesía El tierno vidrio de la noche, Ediciones Huracán, 2006. Alfileres del ingenio, Editorial Tiempo Nuevo, 2010. Historia Sindicalismo y lucha política: Apuntes sobre la historia del movimiento obrero puertorriqueño, 1969-1972, Editorial Tiempo Nuevo, 2010. El desarrollo de la memoria histórica en Puerto Rico, ensayo publicado en la revista española La Página, titulada Puerto Rico, Puerto Rico, Número 83-84-85, I, II, III, 2010. Ensayo El evangelio de Makandal y los hacedores de lluvia: Ensayos de literatura, historia y política del Caribe, Editorial Tiempo Nuevo, 2015.
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