Drama y sociedad: Ernesto Lefevebre o el triunfo del talento de Eleuterio Derkes, 1871-1872

Por: Raúl Guadalupe de Jesús

 

Francisco Moscoso[1], uno de nuestros más importantes historiadores, en sus estudios sobre la revolución de Lares de 1868 sostiene que ese proceso revolucionario contra España estuvo protagonizado en su mayoría por negros esclavos y jornaleros mulatos puertorriqueños. La historia social oficial de Puerto Rico desde los años de 1930 ha intentado restarle importancia al proceso revolucionario de 1868.   Sin embargo, escritores como Luis Llorens Torres se dieron a la tarea de rescatar la historia revolucionaria del 1868 y partiendo de la historia oral recogida en entrevistas que le hiciera el autor a sobrevivientes del proceso histórico del 68 escribe el drama histórico El Grito de Lares en 1916. Llorens destaca la participación de los negros esclavos y jornaleros en el proceso revolucionario. Lo que Llorens no sabía para ese entonces, ni nosotros hasta hace poco, la existencia de una dramaturgía social escrita por puertorriqueños negros como es el caso del autor que nos ocupa Eleuterio Derkes.

Eleuterio Derkes (1836-1883) según Sotero Figueroa en su Ensayo Biográfico :

No fue un sectario convencido, sino un batallador irresoluto.

Primero cantó fervoroso a La Creación de la Biblia y sonriente rindió a los dulces devaneos del amor. Luego se aficionó a los estudios serios; buscó en las tesis filosóficas resoluciones que desvanecieran las vaguedades de sus juicios en cuanto a creencias teogónicas, y en los libros de Pedagogía y de Moral los conocimientos necesarios para levantar el nivel intelectual de sus paisanos y olvidar ruindades del orgullo o de la preocupación, que no por despreciarlas dejaban de mortificarle; sirvió como hombre político a la causa liberal, que es la causa de los oprimidos; y, en fin, buscó a Dios por otro camino que no era el de las revelaciones bíblicas.

Derkes fue uno de los primeros escritores negros del Puerto Rico de la segunda mitad del siglo XIX. Fue poeta, ensayista, educador y dramaturgo. El drama le sirvió como forma de expresar sus preocupaciones y sus críticas a la sociedad colonial monárquica española en la isla. Derkes nació bajo el sistema de la esclavitud española, sistema que la revolución de Lares combatió y todo el movimiento liberal puertorriqueño en sus dos vertientes: el reformista y el revolucionario.

Nuestro autor además de su labor educativa se identificó con el liberalismo reformista. En 1887, el gobierno monárquico colonial español en su ola represiva contra el liberalismo puertorriqueño, cerró la escuela de Derkes y lo mantuvo en vigilancia constante. Sus obras dramáticas llevan por título Ernesto Lefevre o el triunfo del talento (1872), Don Nuño Tiburcio de Pereira (1877) y Tío Fele (1883).   También, publicó un tomo de poesía y ensayos sobre la religión.

Hoy, conocemos las obras de Derkes gracias a la publicación de la antología por Roberto Ramos Perea, Literatura puertorriqueña negra del siglo XIX escrita por negros (2009).   La antología nos muestra como en la zona sur de Puerto Rico, entre Ponce y Guayama, se desarrolló toda una producción intelectual escrita por puertorriqueños mulatos descendientes de africanos. La cultura puertorriqueña como todas las culturas del Caribe es mulata, criolla mulata y antillana. Realidad que la tendencia dominante de la generación de escritores de 1930 intentó eclipsar.

Derkes fue uno de esos intelectuales que sentaron las bases de una dramaturgia social puertorriqueña marcada por la ideología del liberalismo reformista y el espiritismo puertorriqueño. Uno de los temas que ese liberalismo espiritista[2] fue la situación de la mujer y de la clase trabajadora. Otra de las visiones desarrolladas por esa dramaturgia social, iniciada por nuestro autor, es la de la educación como forjadora de méritos para el ascenso social.   En su obra Ernesto Lefevre o el triunfo del talento, Derkes expone la temática de la mujer en su caracterización de personajes femeninos y el de la importancia del talento frente al poder del dinero.

Esta obra se estrena en el teatro de Guayama en la noche del 25 de marzo de 1871. Luego la imprenta Salinas y Sánchez publica la misma en 1872 en el pueblo de Arroyo.   La caracterización de los personajes son los siguientes, Amalia, hija de un personaje llamado José Laborde, Teresa (aya de Amalia y luego tía), el Marqués de Rochefort, Ernesto Lefevre, Leopoldo, Alejandro, Ana, dos dependientes, el portero, un Indio, Criados y el pueblo. La obra se desarrolla en París durante los primeros años de 1815, bajo la dirección de Napoleón Bonaparte. Son los años en que Napoleón retorna a Francia de su exilio en Elba. Luis XVIII abdica del trono y huye, y Napoleón comienza las campañas militares contra Austria, Inglaterra, Prusia y Rusia, hasta la derrota de Waterloo. Ya Napoleón había sido derrotado en el Caribe por los revolucionarios haitianos en 1804 con la constitución de la República de Haití.

El centro de la trama de Ernesto Lefevre o el triunfo del talento es el amor que se desarrolla entre Amalia y Lefevre. La tensión de la misma se agudiza cuando el Marqués de Rochefort también está interesado en Amalia, y la pide como esposa a su padre, y amigo del Marqués, José Laborde. El padre de Amalia es un personaje cuya fortuna e influencias políticas las ha conseguido mediante manejos turbios. No obstante, la crianza, formación y maneras de proceder de su hija Amalia se presentan como la oposición a las de su padre. Laborde como el Marqués pertenecen a la aristocracia tradicional francesa que miraba con mucho recelo las nuevas ideas y formas de hacer fortuna por medio de la educación y el mérito intelectual.   Lefevre se ubica en estos últimos renglones. De ascendencia obrera, de color no blanco, periodista y dramaturgo de ascenso, fama y prestigio es el opositor del mundo social del Marqués, a quién cuestiona en sus incisivos artículos publicados en El investigador.   Lefevre y el Marqués tienen una disputa en la casa de Laborde y ambos se desafían a un duelo.

Laborde intenta presionar a su hija Amalia a que acepte casarse con el Marqués pero Amalia se resiste y le comunica a su padre que a quien ama es a Lefevre. Sucede que el padre de crianza de Lefevre, Alejandro descubre que de quien esta enamorado su hijo es de la hija del hombre que desgració la vida de su familia, Laborde. Movido por la venganza quiere que Laborde pague lo que hizo. Ello mueve a Amalia a defender a su padre y la única salvación que encuentran es el casamiento con el Marqués para evitar su ruina. Lefevre le comunica a Amalia que pueden escapar de la situación fugándose a América, lo que Amalia no acepta.   Al final de la trama, Lefevre ya se había batido en duelo con el Marqués, puede convencer a su padre Alejandro que perdone a Laborde y comienzan los preparativos para el casamiento con Amalia. En ese momento, Alejandro le comunica a Lefevre la identidad de su verdadero padre que resulta ser su enemigo, el Marqués de Rochefort, éste al no aceptar que su hijo es de ascendencia obrera enloquece y se suicida.

El último acto, escena XI, cuando Ernesto agobiado por la situación con Amalia y su padre, expresa irse para América:

Pues bien … si el amor de un hijo que os ama y os pide su bendición por última vez … si el amor que este hijo profesa a la hija del hombre a quien vais a perder …. Si esta estocada nada puede en vuestro corazón … adiós, padre mío … Yo os abandono … Quiero huir para siempre del trato de los hombres … Abandono a mi adorada Amalia, a quien vais a sumergir en la mayor desesperación … Os abandono para irme a vivir a los desiertos de América ….

Los indios son generosos y hospitalarios: ellos acogerán con agrado a un europeo, que va a buscar en aquellos bosques frondosos la paz y la dicha que no pudo hallar entre los hombres, que dicen haber llegado a la cumbre de la civilización. (44)

Ernesto conoce la idiosincrasia de los indios mexicanos porque uno de los personajes siluetas de la obra es un indio mexicano llamado Dagoa. En esta escena, Lefevre le cuenta la hazaña del indio al intentar rescatar de los ataques de un tiburón a un niño, devolviéndole el cuerpo muerto del mismo a su padre.   Al padre ver la hazaña del Dagoa quiere pagarle en agradecimiento con monedas de oro a lo que el indio responde: “Desde muy niño, he jugado con ese metal en los arroyos de mi país. Yo no vendo mi vida: la espongo, y aun la sacrifico cuando mi conciencia me lo manda. Ví afligido a un hombre: quise consolarle devolviéndole a su hijo, aunque muerto.” (45)

Derkes al tejer una comunicación y comunidad entre un personaje descendiente de obreros y un indígena mexicano, establece las virtudes de los que actúan por conciencia y talentos en oposición a los que creen de forma absoluta en el valor determinante del oro-dinero para todas las dimensiones de la vida social.

El liberalismo reformista de Derkes no se puede definir de la misma manera que el liberalismo reformista de los hacendados autonomistas puertorriqueños.   Derkes al ser negro y descendiente de esclavos posee una visión social donde la lucha política está determinada por los conflictos de clases y el problema racial. Para el momento en que se representa está obra, el proceso de abolición de la esclavitud y la conversión de esa mano de obra en trabajadores asalariados es un hecho. Por ello, es coherente no sólo en el contexto parisino, si no con el lugar donde se escribió y se representó la obra configurar un personaje como Ernesto Lefevre como descendiente de obreros asalariados.   Además, la propuesta liberal reformista conducía al establecimiento de un régimen de trabajo asalariado.

La abolición de la esclavitud y el proceso de proletarización de la mano de obra esclava y campesina en la isla, así como otras medidas reformistas establecidas por la corona española en la isla en la segunda mitad del siglo XIX, se debió a la revolución de Lares y al proceso de inestabilidad social que permaneció al interior de la isla luego de los sucesos revolucionarios.   Dicho proceso de inestabilidad llevó al gobierno del general Sanz a provocar la represión generalizada de 1887.   En donde un autor y educador como Derkes no quedó exento de sus efectos.

El régimen colonial español si tuvo oídos y ojos en la representación de las obras dramáticas de Derkes en el sur de la isla, sabía de la propuesta que ellas contenían.

Quiero llamar la atención a un aspecto ya mencionado, la comunidad que establece el autor entre Lefevre y Dagoa.   Ernesto descendiente de obreros, de ideas demócratas radicales ve en la figura del indio americano el sendero a seguir. Ve en Dagoa el sujeto desprendido de una de las bases del sistema de mercado capitalista europeo, el dinero-oro.   Ante la adversidad que le depara la sociedad parisina de la época intenta optar por el territorio americano tal como lo concebían los habitantes originarios, los indios americanos.

El procedimiento del autor puede obedecer a dos corrientes. Primero, a su entendimiento del espiritismo indígena y de origen africano que se conjugan en el Caribe con las correspondientes visiones de armonía y equilibrio entre el sujeto humano y la naturaleza.   Armonía que la lógica del mercado capitalista europeo para principios del siglo XIX no contenía.   Por ello, en la última escena cuando se suicida el Marqués de Rochefort, al enterarse que era el padre de Ernesto, el padre de crianza de este, Alejandro, expresa: “ ¡Feneció el padre de la materia! … Queda el que cultivó tu inteligencia, te dio educación y te ha inspirado amor al trabajo. “ (49) El padre de la materia se refiere al adorador del dinero.   La inteligencia, la educación y el trabajo asalariado, “libre”, son los principios que el liberalismo puertorriqueño en sus dos vertientes, la revolucionaria y la separatista, planteaban como demandas en el contexto colonial español en la isla.   Para nuestro autor estas demandas eran perfectamente conjugables con las ideas espiritistas católicas y masónicas que circulaban en la isla, y las que él profesaba.

La segunda corriente se manifiesta en la letras y políticas puertorriqueñas es la de la conjugación de los elementos indígenas y africanos que hacen en sus escritos Ramón Emeterio Betances en su cuento Los dos indios (1857) y Eugenio María de Hostos en La peregrinación de Bayoán (1863). La conjugación de estos elementos culturales junto a la innegable aportación europea son los fundamentos de la constitución de la identidad bio-cultural criolla en el Caribe.

En Los dos indios, Betances en su primera edición publicada en francés en los talleres de la tipografía Bonnal et Gibrac en Tolosa, bajo el seudónimo de Louis Raymond,   finzliza su cuento con un poema titulado A Borinquen.   En este poema, Betances condena a los colonizadores españoles como ebrios de oro y esclavizadores, que trajeron nuevos esclavos a nuestra isla. Al final del poema, la voz poética hace que el indio y el negro se den la mano apartados de todos los caminos, bosque adentro, en el cimarronaje: “ Son esclavos, son hermanos, ambos reunidos bajo el yugo, con las mismas plegarias y los mismos dioses, hacen para ti los mismos votos …”[3]

Hostos en su novela ya mencionada también conjuga la importancia del elemento indígena con el negro de ascendencia africana en el discurso de Bayoán en contra de la esclavitud, en la última parte de la novela, y en sus continuas alusiones al proceso revolucionario haitiano a lo largo del texto.  El Bayoán alegórico es un mulato criollo puertorriqueño.

Ernesto Lefevre, personaje de Derkes, es un personaje descendiente de obreros, no blanco, que mira como solución para su momentánea agonía el territorio americano configurado por el indio libre de la materia, fiebre y ebriedad del oro. Lefevre estuvo a punto de optar por la peregrinación como forma de escapar a los enredos humanos determinados por el lucro, y forjarse una visión social de la vida dirigidas por la estética y una filosofía del acto ético marcados por la justicia, la igualdad y la fraternidad.

El gobernador Rumualdo Palacios y el gobierno colonial español en la isla en la segunda mitad del siglo XIX, tuvieron razones fundadas para arremeter en el terrible año de 1887 contra la labor didáctica y artística de Eleuterio Derkes.

[1] Ver los trabajos de Francisco Moscoso, La revolución puertorriqueña de 1868: El grito de Lares, 2003, y Clases, Revolución y Libertad: Estudios sobre el Grito de Lares de 1868, 2006.

[2] Un buen trabajo sobre el espiritismo puertorriqueño es el texto de Nancy Herzig Shanon, El iris de paz: El espiritismo y la mujer en Puerto Rico, 1900-1905. Ediciones Huracán, Río Piedras, 2001.

[3] Ramón Emeterio Betances. Obras Completas. Escritos literarios, tomo III. Ediciones Puerto, San Juan, 2008. p. 58

 

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Acerca de raulguadalupedejesus

Profesor de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Bayamón y del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe Historiador, ensayista y poeta Publicaciones: Poesía El tierno vidrio de la noche, Ediciones Huracán, 2006. Alfileres del ingenio, Editorial Tiempo Nuevo, 2010. Historia Sindicalismo y lucha política: Apuntes sobre la historia del movimiento obrero puertorriqueño, 1969-1972, Editorial Tiempo Nuevo, 2010. El desarrollo de la memoria histórica en Puerto Rico, ensayo publicado en la revista española La Página, titulada Puerto Rico, Puerto Rico, Número 83-84-85, I, II, III, 2010. Ensayo El evangelio de Makandal y los hacedores de lluvia: Ensayos de literatura, historia y política del Caribe, Editorial Tiempo Nuevo, 2015.
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2 respuestas a Drama y sociedad: Ernesto Lefevebre o el triunfo del talento de Eleuterio Derkes, 1871-1872

  1. José Escoda dijo:

    Buena exposición de esos trabajos que tenemos que conocer o reaprender quienes necesitamos entender.

  2. Millie dijo:

    Me pregunto cual seria el impacto del maremoto del 18 de Noviembre de 1867 en el proceso revolucionario del 1868.
    Maremoto de 1867

    ” El 18 de noviembre de 1867, 20 días después que el huracán San Narciso azotara la zona, ocurrió un terremoto de magnitud 7.3 que se sintió con mayor intensidad en las Islas Vírgenes y en el área este de la Isla. El epicentro del sismo fue localizado en el Pasaje de Anegada entre las islas de St. Thomas, Santa Cruz y Vieques. El maremoto que se produjo alcanzó cerca de 20 pies en St. Thomas y Santa Cruz. En Yabucoa el mar se retiró de la costa y luego penetró alrededor de 450 pies.”

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