Vigencia y pertinencia del pensamiento político de Pedro Albizu Campos para la juventud puertorriqueña en la actualidad

Vigencia y pertinencia del pensamiento político de Pedro Albizu Campos para la juventud puertorriqueña en la actualidad

Por: Raúl Guadalupe de Jesús

12 de septiembre de 2016

Barrio Tenerías, Ponce          

 A Carmelo Ruiz Marrero y a Feliciano Rivera Cepeda 

          ¡Buenas noches a todos los presentes! Hoy celebramos y recordamos la vida y lucha del Maestro de nuestra comunidad nacional, Pedro Albizu Campos. Es un momento crítico para la comunidad nacional puertorriqueña, reconocemos que ha caído el manto de la hipocresía colonial. Los poderes imperiales han constatado lo que el nacionalismo albizuista había establecido, que la Ley 600 es una enmienda a la Ley Jones y que somos una comunidad nacional subordinada, en todos los órdenes de su vida como pueblo. Prueba de ello es la reciente imposición de la Junta de Control Fiscal. La Junta imperial viene a poner en orden lo que sus funcionarios a sueldo de los partidos políticos coloniales no han podido manejar. La corrupción se ha apoderado de las arterias de los partidos políticos coloniales, esa corrupción que fustigó Albizu en su tribuna, entre finales de la década de los cuarenta y principios de los cincuenta. Mientras el pueblo puertorriqueño era despojado de su país, mediante la emigración forzada de mano de obra a la costa este de los Estados Unidos; mientras el pueblo carecía de las necesidades fundamentales para vivir bien; y se sometía a sus jóvenes a la emigración y a condiciones deplorables de trabajo, la planta de la corrupción crecía en los partidos coloniales. Hoy nos encontramos en una situación parecida y peor. Hoy está claro que la corrupción es el fundamento del colonialismo.

Hoy, la mayoría de nuestros jóvenes, hombres y mujeres preparados, se tienen que ir de su comunidad porque el sistema colonial los asfixia. Mi exhortación a esa juventud que todavía no se ha ido es la que Albizu le cursaba a los jóvenes de la primera mitad del siglo XX: la juventud tiene que prepararse con las armas del conocimiento para reconstruir nuestra comunidad nacional soberana en todos los aspectos de su vida. El joven Albizu en 1923, acabado de prepararse en Filosofía y Letras, en Química y en Derecho, regresó para poner las armas de su conocimiento a favor de nuestro pueblo. Se fue de gira por el Caribe y América Latina para recabar apoyo internacional para la independencia de nuestra patria, y regresó. Volvió a irse cuando las fuerzas del imperio lo encarcelaron y regresó. Nunca se fue.

Volviendo al año de 1923, el joven Albizu hace su ingreso al Partido Unión. En una conferencia dictada en este su pueblo frente a sus correligionarios unionistas, habló de sus conferencias en los Estados Unidos donde había disertado sobre las pequeñas nacionalidades y el imperialismo de los grandes poderes; y de inmediato su alocución giró en torno de los partidos políticos de ese entonces. El joven Albizu había estudiado a fondo la naturaleza de esos partidos. Optó por ingresar al Partido Unión pues creía que para resolver el problema colonial había que unir todas las fuerzas de nuestra comunidad nacional.

Sobre el Partido Republicano expuso que: “… por ser un partido centralista y querer recibir su poder Ejecutivo de Washington sin apoyarse en el regionalismo que tan necesario es para fundar un ‘estado’ de la Federación” (Torres 12), y por no entender la naturaleza de la Federación de Estados Americanos, fundamentada en la Constitución de 1787 y sellada en la Guerra Civil estadounidense, ni comprender la unidad político nacional anglo-sajona y anglo-celta que constituyen a los Estados Unidos de Norteamérica, sus propuestas en ese entonces seguirían siendo acogidas por una minoría. Del Partido Socialista de Santiago Iglesias Pantín sostuvo que su programa economicista y su planteamiento de la lucha de clases dividían las fuerzas de la comunidad nacional, actitud divisiva que también criticó del recién fundado Partido Nacionalista del cual todavía no formaba parte.

En esa Conferencia, dictada aquí en Ponce, a donde había regresado, se detuvo a explicar sus nociones sobre las Cartas Orgánicas imperiales como la Ley Foraker y la Ley Jones. Sostuvo que ambas eran idénticas en su fondo, exhortando a que los partidos políticos lucharan por derogar la Ley Jones y aprobar una Constitución que estableciera un gobierno responsable a nuestro pueblo. El joven Albizu terminó su presentación exhortando a abandonar el tono de súplica y de petición de los políticos locales frente al imperio y que se exigiera lo que por derecho nos correspondía.

El joven Albizu regresó a su tierra para ofrecer su talento y sabiduría para el bien de su comunidad nacional. Esa es una de las primeras enseñanzas que Albizu en su acción le mostró a los jóvenes de su pueblo en 1923. La juventud puertorriqueña no debe permitir que se le convierta en fuerza productiva exógena, alienada de los intereses materiales de su comunidad nacional. Esta juventud debe quedarse y regresar, para construir la soberanía junto a todos los sectores de nuestro pueblo, para edificar la República. Debemos, por nuestras propias soluciones, resolver nuestros problemas graves y construir el sistema político que nuestra comunidad nacional decida.

Albizu también fue el maestro que nos enseñó qué es la esclavitud colonial. Sabemos que la esclavitud fue un sistema de trabajo que los europeos impusieron en el Caribe y en todo nuestro hemisferio. Sabemos que el sistema de trabajo de la esclavitud se abolió en nuestra isla en 1873. Se abolió la esclavitud en términos formales y se transformó en una esclavitud asalariada. Cuando las tropas de ocupación estadounidenses se adueñaron de nuestro territorio, esa esclavitud asalariada puertorriqueña pasó a ser controlada por una economía extranjera que la ensanchó y la reprodujo según los intereses de sus corporaciones, sometió a nuestras clases propietarias, nos usurparon el 40% de nuestra riqueza nacional con el cambio de moneda y comenzó el proceso de despersonalización de nuestra base étnica comunitaria mediante la economía y la educación. Esa es la definición albizuista de la esclavitud colonial. Por eso, nos dice en 1930:

Comparando nuestra historia colonial bajo el yugo norteamericano con la de otros pueblos víctimas de un imperio exótico, nos sorprende que prematuramente hayamos producido el tipo insensible al coloniaje, al dominio de un invasor que todo se lo niega.

Esa insensibilidad es el triunfo del poder usurpador, porque, a más de hacer toda resistencia imposible, justifica ante el mundo el despojo que lleva a cabo con su política.

En ese estado de abatimiento moral, todos los valores se confunden, el infeliz colono los cree todos discutibles. Cae en la triste condición de discutir la conveniencia de la independencia patria. La esclavitud ha llegado al alma misma de la comunidad.

Con la perdida de ese sentido de dignidad personal y colectiva, que acompaña a las teorías de la conveniencia en la colonia, se agotan las fuerzas espirituales, y el nativo, reducido a lacayo, pasa a ser agente del invasor para entregarle todas las riquezas del país. Es inevitable: la decadencia moral es causa de la ruina material.

Es extraño, pero esa ruina del espíritu hace sus estragos primero en las clases, que, por su cultura, se supondrían habrían de presentar mayor resistencia. Su poder de adaptación las pierde pronto. La masa se mantiene inmune relativamente a la influencia externa por la razón contraria.

No hemos podido escapar (a) esta fatal ley sociológica.

Tenemos el tipo insensible a la colonia. Insensible a la imposición extranjera.

Esclavo, al fin, prefiere lo exótico a lo nativo.

Culto, a veces, defiende con sinceridad la negación de su propia ciudadanía y la                         personalidad de su patria.

No se conforma con su suicidio moral.

Su fuerza negativa la hace positiva para arrastrar a todos sus compatriotas al                             sometimiento absoluto, a la voluntad de un invasor, que ha pasado, ante el                                convencimiento de su impotencia a ser redentor.

Así tenemos ardientes defensores del coloniaje y de la anexión. (Torres 96-97)

La abolición de la esclavitud colonial, la emancipación de nuestra comunidad nacional se hace imperativa. La juventud puertorriqueña tiene en su haber histórico y cultural al Maestro de la descolonización, décadas anteriores a que el concepto de la siquiatría del colonizado de Frantz Fanon apareciera en el horizonte político del Caribe y África.

La juventud tiene que cumplir el deber con su comunidad. Debe quedarse y convertirse en fuerza productiva para la riqueza de nuestra comunidad. Las formas de la esclavitud colonial han mutado, una gran parte de nuestra juventud está devastada por otra forma productiva exógena: el narcotráfico. La comunidad nacional puertorriqueña no tiene control de nuestros puertos, de nuestro aire, ni de nuestro territorio; todavía las fuerzas de ocupación mantienen el control material de nuestra patria. Son ellos los responsables de que esa economía destructiva entrara a nuestro pueblo, desintegrando nuestros lazos comunitarios vitales. Son ellos los responsables de nuestras víctimas sociales.

Albizu no hubiera tolerado semejante destrucción, hubiera hecho un llamado a la juventud a que si ha de ofrendar su vida lo hiciera por el bienestar común puertorriqueño y no por los intereses de una economía lumpen plutocrática. Hubiera hecho un llamado a la juventud universitaria a que saliera a orientar al país. ¿Dónde está la juventud universitaria? ¿Dónde está la juventud general del país? Víctima del Servicio Militar extranjero, víctima del narcotráfico, víctima del subempleo, de la emigración y la sobre explotación.

En 1930, Albizu fue hablar a los universitarios y les dijo que con lo primero que había que romper era con la universidad colonial, con la universidad donde se enseñaba en lengua extranjera, y exhortó a los estudiantes a que repusieran el español antillano como lengua principal de enseñanza y a la par se enseñaran otros idiomas. Las formas de la esclavitud colonial han cambiado, hoy se enseña en español puertorriqueño pero en una versión de español puertorriqueño para esclavos. Los amos tienen todos los recursos para engañarnos y tienen a sus servicios a ese tipo insensible al colonialismo que le sirve como colaborador. Ejemplos de esos tipos insensibles al colonialismo son los puertorriqueños nombrados a la Junta de Control Fiscal imperial.

Otra de las grandes enseñanzas de Albizu a su país y a la juventud, que hoy quiere volver a la producción agrícola, fue su crítica a la cantidad alarmante de productos importados que, en la primera mitad del siglo XX, sustituía la producción de alimentos puertorriqueños. Hoy la situación es de cifras hiperbólicas: el 85% de lo que cada mesa puertorriqueña consume son productos importados. La producción de alimentos y el consumo de estos es fundamental para toda comunidad nacional. Este proceso crea la sicología de sustentabilidad, configura una ética de respeto, valor y libertad, que es base de toda soberanía alimentaria. Walmart no va a crear estos elementos fundamentales porque es una corporación extranjera, Monsanto no va a producir alimentos que respondan a los intereses nuestros.

¿Qué le diría Albizu a los jóvenes agrónomos que se gradúan del Recinto Universitario de Mayagüez? ¿Qué le diría a los jóvenes que quieren regresar al trabajo agrícola? A los primeros les diría que usen sus conocimientos para desarrollar nuestra industria alimentaria. Les diría que se organicen en cooperativas y se adueñen de la tierra que nos pertenece para trabajarla, que no se conviertan en asalariados anti-nación trabajando para Monsanto. A los segundos le exhortaría a volver a la tierra para entenderla, valorarla y ponerla a producir ecológicamente. Es necesario que nuestra comunidad nacional reconstruya sus lazos con la tierra, que cree su propio ecosistema en el mundo.

De esta manera, se comenzaría a comprender la patria de forma material. Se evitaría la destrucción continúa de nuestras fuerzas productivas, solo produciendo medios de producción propios. Desde el conuco a la cooperativa agrícola, evitaríamos o controlaríamos la destrucción continua de nuestras fuerzas productivas. Esa acción implica un enfrentamiento con la economía del invasor y existen medios legales y jurídicos para emprender esa lucha. Tenemos que comenzar a descolonizarnos desde nuestro hábitos y consumo alimenticios.

Esa vuelta a la tierra implica que hagamos lo posible por que se creen cientos o miles de cooperativas a lo largo y ancho de nuestra geografía. Ese rescate de la tierra podría incluir el volver a eliminar estructuras de concreto para darle a esos terrenos su curso natural. Ello implica tener voluntad nacional, el conocimiento y los recursos los tenemos de sobra.

Para construir la voluntad nacional hace falta romper con la ideología del colonialismo. Es necesario que seamos sensibles al colonialismo, que dejemos de ser esclavos; hay que ponerle fin a la racionalización de la subordinación.

Ello implica romper con el individualismo y el consumerismo sin sentido. Implica romper con las categorías del mercado y forjar unas relaciones sociales lejos de esas categorías mercantiles que nos ha impuesto la plutocracia imperial. ¿Qué es la plutocracia imperial de la que nos habló Albizu? La plutocracia es el gobierno dirigido por los dueños de las grandes corporaciones. En la democracia representativa colonial que nos rige, son los dueños de los intereses económicos imperiales y coloniales los que determinan las decisiones en materia de economía política. En nuestro contexto colonial esos intereses son los intereses del invasor. Este garantiza las ganancias de los dueños de los alimentos que consumimos, de los dueños de las grandes empresas automotrices que tienen un festín con nuestra comunidad. Recordemos que en el país se venden, aproximadamente, un millón de autos nuevos al año, para una población de 3.5 millones de habitantes. En la actualidad hay 2.6 millones de autos transitando nuestra geografía.

Albizu nunca le habló a la juventud que lo siguió y al pueblo en general con discursos falaces. Siempre tenía el dato, el hecho y el argumento claro y corroborado por la realidad histórica y colonial. A la legislatura colonial, de la primera mitad del siglo XX, la interpeló para que utilizara el poco espacio de poder, que le confería el Congreso imperial, para legislar en materia agrícola en favor de nuestro pueblo.   Demostrando el manejo de la política y lo político que tenía su accionar.  Esa legislatura, como la actual, se hicieron de oídos sordos.

Marisa Rosado en la biografía más completa que se ha escrito sobre Pedro Albizu Campos, Las llamas de la aurora, nos relata el regreso de Albizu en 1947 a su patria. Nos dice:

El redactor del periódico El Universal, Gilberto Cruz Igartúa, quien tuvo la                                 oportunidad de subir al barco, presenció cuando los oficiales de aduana del                               Departamento de Agricultura llegaron para inspeccionar el equipaje de Don Pedro.                 Muy atentos le preguntaron los oficiales si traía alguna planta consigo, para de lo                   contrario no registrar el equipaje. Muy firmemente y en tono de buen humor don                     Pedro contesto: “Bueno, yo solo llevé una semilla, y la vuelvo a traer.” (300)

Esa semilla metafórica que volvió a traer el Maestro fue una semilla que Monsanto no va a poder alterar genéticamente, porque es la semilla de la libertad. Es la semilla de la voluntad nacional. Los jóvenes tienen el deber de seguir sembrando esa semilla en todos los rincones de nuestra isla. Cada agrónomo, cada agricultor joven, en todo lo que siembren deben pensar en nuestra libertad, en nuestra soberanía alimentaria, en acabar con el esclavo, con el tipo insensible al coloniaje y tener como meta fundar la república.

Muchas gracias.

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Acerca de raulguadalupedejesus

Profesor de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Bayamón y del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe Historiador, ensayista y poeta Publicaciones: Poesía El tierno vidrio de la noche, Ediciones Huracán, 2006. Alfileres del ingenio, Editorial Tiempo Nuevo, 2010. Historia Sindicalismo y lucha política: Apuntes sobre la historia del movimiento obrero puertorriqueño, 1969-1972, Editorial Tiempo Nuevo, 2010. El desarrollo de la memoria histórica en Puerto Rico, ensayo publicado en la revista española La Página, titulada Puerto Rico, Puerto Rico, Número 83-84-85, I, II, III, 2010. Ensayo El evangelio de Makandal y los hacedores de lluvia: Ensayos de literatura, historia y política del Caribe, Editorial Tiempo Nuevo, 2015.
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