Historia e ideología en el nuevo milenio en Puerto Rico

Historia e ideología en el nuevo milenio en Puerto Rico 

Por: Raúl Guadalupe de Jesús

            Eric Wolf en su libro Europa y la gente sin historia insiste en la premisa, fundamental para la producción historiográfica, del rescate del pasado histórico como una memoria importante para las bases del hoy, del presente. Entender el pasado para poder entendernos en el presente. Esta premisa ha sido escamoteada en algunos trabajos historiográficos, y en algunos juicios políticos sobre figuras históricas coloniales. Para actuar sobre el presente histórico es imposible olvidar lo que sucedió en 1898, 1920, 1932 o en el 1945 a menos que se quiera o persiga un escamoteo de los sucesos impactantes ocurridos en esas fechas. Es la historia de borrón y cuenta nueva. No es imposible asumir esta última postura; sin embargo, se debe admitir que la misma posee una carga ideológica que, por honestidad intelectual, se debe admitir.

El historiador cubano Raúl Izquierdo Canosa nos dice en su ensayo La crítica y los críticos de la historiografía cubana que ´´ La historia es amplitud, diversidad y complejidad; como cualquier otra ciencia, siempre ha sido, es y será escrita por seres humanos, que piensan, razonan, y tratan de interpretar los hechos a partir del estudio de las fuentes a la que han tenido acceso; esforzarse por presentar su versión de lo estudiado a partir de los documentos a su alcance; siempre será una visión parcial y personal acerca de la interpretación de los hechos; que dependerá en mucho de las fuentes a las que acceda. … El historiador, como premisa, nunca debe faltar a la verdad histórica, debe ser juicioso y sensato, saber discernir, cuándo y hasta dónde resulta prudente dar a conocer la verdad; que en ocasiones, no resulta ser toda la verdad. Ese es quizás, uno de los mayores retos que asume el oficio de historiador.´´ Pero sobre todo nos dice Izquierdo Canosa el oficio exige ´´… responsabilidad, honestidad, sistematicidad, profesionalidad; entrega, dedicación … y rigurosidad….´´ .

No existe una sola forma de hacer historia pero si debe observarse criterios éticos en la investigación y análisis de los sucesos del pasado. Una escuela de historia o de historiadores no debe dar por cerrado ningún tema. Por ejemplo, sobre la invasión estadounidense de 1898 a nuestro país todavía hay mucho que investigar y que decir. Establecido lo anterior, los historiadores deben tener mucho cuidado en no convertir las opiniones personales en hechos históricos. Fundamentar un hecho solo en interpretaciones jurídicas o literarias puede acarrear el problema de querer convertir la interpretación del proceso histórico en un deseo. El proceso de la interpretación en la historia es uno ancilar a la evidencia, a la data empírica, a los hechos.

Los trabajos pioneros de la nueva historiografía y del Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña (CEREP), sobre la historia económica, la esclavitud, la producción cafetalera y las relaciones de clases y su permeabilidad en los procesos políticos coloniales, fueron un sendero abierto. Sendero que en vez de continuarse y profundizarse para sacar a la superficie las dimensiones aun ocultas de nuestro proceso histórico colonial, los sucedáneos, presos del estructuralismo y posestructuralismo, decidieron involucionar en el mercado académico de teorías de la historia diseñadas sobre los juegos del lenguaje, haciendo de las aportaciones fundamentales del materialismo histórico y la Escuela de los Anales, puras quimeras.   Los trabajos pioneros de la nueva historiografía surgen en un momento en que el país contaba con un movimiento revolucionario independentista, socialista y anti-imperialista capaz de retar a las estructuras coloniales en el país. En el marco de un movimiento revolucionario en acenso en el llamado Tercer Mundo. Entender las estructuras profundas del colonialismo en Puerto Rico era una tarea intelectual y un deber ético. Hoy atentar contra los cursos de historia de Puerto Rico es la tarea de algunos profesores coloniales.

Por otro lado, a la nueva historiografía y al Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña, además de las aportaciones metodológicas al quehacer historiográfico, le debemos ciertas visiones de la historia sustentadas en investigaciones parciales y ligeras más que en trabajos múltiples y rigurosos sobre el 1898. La invasión del imperialismo estadounidense (imperialismo en la acepción marxista esbozada por Lenin y no en la acepción de imperialismo bobo o imperialismo informal como versiones de la teoría del excepcionalismo estadounidense) se ha expuesto como un avance cualitativo ante la economía agrícola y la cultura puertorriqueña anterior a la invasión. ¿Dónde están las investigaciones que sustente esa premisa?

Una de las consecuencias de esta perspectiva es que se entronizó una concepción lineal de la historia. Las visiones lineales de la historia empañan la riqueza de los procesos sociales e históricos del pasado en el presente. Hoy sabemos que no todo pasado fue mejor pero no todo presente tampoco lo es o lo tiene que ser. Los renacentistas en idéntico procedimiento empañaron las riquezas materiales e intelectuales de la Edad Media hasta que los románticos se dieron cuenta que los sofismas construidos sobre el medievo eran precisamente eso: sofismas.

La escolástica medieval basaba sus premisas en silogismos que no tenían que sustentarse en fuentes o hechos reales. Dónde están los estudios sobre la pérdida de un 40% de la riqueza nacional agrícola al momento del canje de la moneda luego de la invasión militar. En Puerto Rico y en España durante la década de 1890 se desarrolló una discusión en los periódicos sobre la situación del canje de la moneda en plata por la moneda en oro. La presión de los países monometalistas (Estados Unidos, Alemania e Inglaterra) sobre los países bimetalistas para que se diera el cambio del patrón plata por el patrón oro se efectuó años antes de la invasión. En el plano del mercado mundial, dicha discusión constituyó la presión de los emergentes países imperialistas sobre los imperios decadentes como el español. Al momento de la invasión el imperialismo impone el cambio con la consecuente pérdida para la economía agrícola nacional de un 40%. El impacto sobre las relaciones sociales de producción locales fue desastroso. Entonces ¿cómo la invasión significó un adelanto sin precedente para nuestra sociedad en las primeras décadas de dominio imperialista en Puerto Rico? La nueva historiografía ni CEREP ni muchos menos los sucedáneos explican dicho proceso. Ni tampoco despejaron el silogismo de que todo fue mejor con la invasión. Las fuentes para sostener esta opinión fueron interpretaciones culturalistas y jurídicas, que al someterse con otras evidencias como los de la historia económica no se sostienen, resultan incoherentes (ver James Dietz, Historia Económica de Puerto Rico).

Cabe señalar que la nueva historiografía sostuvo otra premisa que me resulta un presupuesto incoherente. ¿Cómo es posible que a los propietarios puertorriqueños el capital invasor los somete a la coacción de comprarles sus tierras a ´´buenos precios´´ para dedicarlas al monocultivo azucarero y, luego, se transfieren algunos derechos democráticos burgueses que en la colonia se aplicaron de formas caprichosas y desiguales? ¿ Acaso en la industria azucarera y en otras producciones como en la industria de la aguja se implantó de forma consecuente la ley de 8 horas de trabajo? ¿Los pocos propietarios del azúcar puertorriqueños acaso no eran dependientes de la gran corporación azucarera estadounidense? En la historiografía más reciente se han ventilado ideas parecidas. ¿Cómo es posible establecer que en el Partido Unión como en la sociedad puertorriqueña en su conjunto los intereses del capital azucarero estadounidense no fueran los dominantes en la primera mitad del siglo XX ? ¿Cómo es posible hablar de un imperialismo estadounidense no colonial? ¿Cómo es posible hablar de la inexistencia de las comunidades nacionales?

Es en ese sentido que la historia comienza a convertirse en ideología como falsa conciencia (la historia no escapa nunca a una visión ideológica pero no deja de ser historia para ser mera ideología), para ajustarse a visiones políticas pro coloniales del presente. Parecido procedimiento o diseño se ha seguido con las figuras de Luis Muñoz Marín y con la de Pedro Albizu Campos, entre otros. A uno se le dedican todos los estudios posibles (a Luis Muñoz Marín). Por el contrario, a Albizu se le desdibuja su presencia histórica. Sobre ambos se tejen un rebaño de interpretaciones sin estudios rigurosos de las fuentes y los hechos. Interpretaciones muchas de ellas basadas en querencias y opiniones, que como todo producto ideológico cumple una función política. Ya sabemos que las ideas no son ingenuas.   También reconocemos que la producción de la historia más allá del quehacer disciplinario o académico, se enmarca en la lucha político ideológica.   En el materialismo histórico existe una tensión productiva entre la ideología como falsa conciencia y la ideología como instrumento político de interpretación de la realidad para la movilización y lucha social. Cada cual se ubica en dicho proceso.

La acepción de ideología que utilizo en este artículo es la equivalente a engaño, escamoteo y coartada de la realidad (ver Terry Eagleton, Ideología, donde se discuten las múltiples acepciones del concepto). Para mí una de las funciones centrales del quehacer historiográfico es el de entender la realidad para transformarla. Los giros y matices lingüísticos y semánticos engastados como único valor en la interpretación y comprensión de la realidad ha acarreado nefastas consecuencias al quehacer histórico. Las consecuencias han sido el empañar el entendimiento de la realidad o a ajustarla a intereses y anhelos personales o grupales (sean de izquierda, de derecha o del llamado centro). Si la labor del historiador es comprender el presente, como hecho refractado del pasado, debemos de cuidarnos de construir aporías o silogismos históricos.

La historia como disciplina posee su propio discurso de organización de los hechos. Depende de los materiales empíricos para sustentar sus premisas distinto a la filosofía. En ese sentido, la lógica de la historia tiene una puerta abierta a las ciencias naturales y sociales. Por ello, lo que nos puede parecer una verdad hoy mañana puede ser superada, sustentada o refutada con nuevas fuentes.

 

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Acerca de raulguadalupedejesus

Profesor de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Bayamón y del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe Historiador, ensayista y poeta Publicaciones: Poesía El tierno vidrio de la noche, Ediciones Huracán, 2006. Alfileres del ingenio, Editorial Tiempo Nuevo, 2010. Historia Sindicalismo y lucha política: Apuntes sobre la historia del movimiento obrero puertorriqueño, 1969-1972, Editorial Tiempo Nuevo, 2010. El desarrollo de la memoria histórica en Puerto Rico, ensayo publicado en la revista española La Página, titulada Puerto Rico, Puerto Rico, Número 83-84-85, I, II, III, 2010. Ensayo El evangelio de Makandal y los hacedores de lluvia: Ensayos de literatura, historia y política del Caribe, Editorial Tiempo Nuevo, 2015.
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