Economía política de la colonia

“Uno de los mecanismos que utiliza el estado promotor de Operación Manos a la Obra para combatir el desempleo fue la emigración y el establecimiento de industrias de alta composición orgánica de capital. Sin embargo, esta política no resuelve el problema.  Durante los años de 1947 a 1961 las empresas promovidas por la Compañía de Fomento sólo empleaban un promedio de 70 obreros por unidad de producción.  De 1969 a 1975, la compañía de Fomento se percató de que los empleos prometidos por las fábricas promovidas fueron insuficientes concretizándose sólo el 28.7% de los mismos.

Por otro lado, la compañía de Fomento esperaba que las industrias petroquímicas crearan los empleos necesarios y que surgieran “efectos de eslabonamientos hacia atrás según se fueran creando nuevas empresas para suplir materias primas y semi-elaboradas” y que “se desarrollarían eslabonamientos hacia adelante, especialmente en el sector de las petroquímicas, según se fueran creando nuevas empresas para adquirir la producción de las industrias de uso intensivo de capital”. Sucedió todo lo contrario. Estas industrias estaban eslabonadas a los canales de abastecimiento y circulación de compañías en los Estados Unidos.En ningún momento intentan desarrollar eslabonamientos en Puerto Rico, así como tampoco el estado (colonial) las motivó a ello. Debido a esto, su impacto fue mínimo en cuanto a la solución del grave problema del desempleo.  Dietz compara en su libro a estas compañías con la dinámica de las centrales azucareras en las primeras décadas del siglo XX.

El comportamiento de estas compañías petroquímicas tiene sus raíces en la naturaleza de la relación económica entre Puerto Rico y los Estados Unidos. La relación de la economía (colonial) puertorriqueña con la economía regional norteamericana no guarda una relación orgánica.Este factor me lleva a plantear uno de los puntos desarrollados por Marx sobre la dinámica del capital industrial.  El capital industrial se entreteje, ya sea en mercancías, de los modos sociales de producción más diversos, en la medida en que estos son al mismo tiempo producción de mercancías, porque “en cuanto a mercancías entran en el ciclo del capital industrial, así como en la circulación del plusvalor del que él es portador”.  De ahí que la naturaleza subsidiaria y dependiente de la economía colonial puertorriqueña aunque no comparta los elementos fundamentales de la formación social de la economía norteamericana, es decir, su desarrollo económico y político, sí colabora o engrana con el ciclo de capital industrial de las compañías matrices estadounidenses.

(En este trabajo se hace referencia a las similitudes de comportamiento industrial de las centrales azucareras, de las petroquímicas y hoy se puede incluir a las industrias farmacéuticas.)

“El proceso de producción de estas industrias comienza en los Estados Unidos utilizando capital financiero para la compra de materia prima, los medios de producción y la mano de obra estadounidense.

En esta fase de producción el capital productivo va a organizar un producto, transformado en parte en una mercancía, con un valor mayor al dinero invertido.  Aquí lo que sucede es una interrupción momentánea del ciclo, ya que la mercancía no está del todo terminada, y por ende, tampoco totalmente valorizada.  Esta se transporta a la subsidiaria (en Puerto Rico) para finalizar el proceso de producción. La fase (colonial puertorriqueña) del proceso de valorización de esa mercancía, que viene siendo un producto semi-elaborado, se une a la fuerza de trabajo puertorriqueña, y a un medio de producción local (de la subsidiaria).  Esta subsidiaria exporta nuevamente su producto, una mercancía de valor incrementado, hacia los Estados Unidos donde se vende a un costo mayor a su costo real de producción.

… esta relación de producción y reproducción de mercancías se desarrolla entre los Estados Unidos y Puerto Rico, pero el control del proceso y el excedente queda en manos de la industria matriz en los Estados Unidos. La aportación de Puerto Rico en todo este proceso es fundamentalmente de mano de obra (barata y productiva), que agrega un valor mayor al producto que es apropiado por las compañías extranjeras establecidas fuera de Puerto Rico.  Es decir, que nuestra economía (colonial) no tiene legislación para que ese proceso de valorización que se desarrolla en la isla pueda mantenerse para beneficio de nuestro desarrollo económico.”

De mi libro Sindicalismo y lucha política: Apuntes sobre la historia del movimiento obrero puertorriqueño, 1969-1972, (2010) publicado por la Editorial Tiempo Nuevo, páginas de la 110 a la 114.

Aclaración: este sucinto análisis no toma en cuenta los nuevos procesos de rotación de capital ni la manifestación del proceso de valorización en los procesos de consumo que está estrechamente ligado a la ruina planificada de nuestra agricultura por el estado colonial.

 

 

 

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El exilio de la metáfora en la poesía puertorriqueña

Ya no frecuento las lecturas de la poesía más reciente. Me parece estar escuchando crónicas del mundo seudourbano insular. La prosa casual, cotidiana, normativa se impone sobre el lenguaje poético. La metáfora y sus compañeras de viaje, la metonimia, la sinécdoque, el símbolo y la alegoría parecen haberse exiliado de la producción poética puertorriqueña actual. La subversión del lenguaje poético ha sido sustituida por la narrativa chistosa de un humor común con cierto ingenio fácil y domesticado. Todos se aplauden unos a otros y se ríen con ese humor fofo y colonial que da lástima. Por eso, no voy a escuchar a los poetas de hoy.

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La genuflexión de los intelectuales coloniales

Ayer, 15 de septiembre de 2015, presencié la Lección Magistral dictada por el Dr. Arcadio Díaz Quiñones en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico en Bayamón.  El autor de El arte de bregar, se convirtió en el conferenciante de El arte de perder.  Su conferencia titulada El arca de Noe a propósito de una pintura de Consuelo Gotay, fue una reflexión de su memoria, que bien pudo escribir o publicar como la visión de sí mismo, de su formación intelectual, para que sus discípulos coloniales pudieran de forma nihilista regocijarse con su lectura póstuma.  Me enteré quienes fueron sus maestros más importantes y que colecciona arte.  Cuando habló sobre la situación de la colonia, nos aconsejó aceptar la derrota, no hubo ningún tipo de propuesta sobre cómo los intelectuales pudieran intervenir ante la crisis colonial que no fuera, acepten lo que viene, no se puede hacer nada más que leer.  Fue la conferencia de un intelectual derrotado y de la genuflexión colonial internalizada por sus discípulos.

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Es posible la independencia de Puerto Rico, colonia USA?

¿Es posible la independencia de Puerto Rico, colonia USA?

Por Raúl Guadalupe de Jesús

Cuando los estadounidenses invadieron a Puerto Rico, a Cuba y a Filipinas en la guerra española-estadounidense de 1898 la llegada de los invasores no fue recibida con cariño en ninguna de las posesiones españolas.   En Cuba y en Filipinas hubo una resistencia radical permanente resultando en la Enmienda Platt, independencia con protectorado, y en la independencia de las Filipinas.

Puerto Rico quedó sometido al gobierno militar estadounidense. No obstante esa realidad, la invasión no fue un picnic como cierta historiografía colonial expone. La invasión recibió resistencia del ejército español en la zona centro sur y hubo varios movimientos rebeldes puertorriqueños que se expresaron contra la invasión, la respuesta militar de Ciales el 13 agosto de 1898 compuesta de 600 campesinos ha sido uno de los sucesos que la historiografía oficial ha dejado en la oscuridad, y las llamadas partidas sediciosas, le hicieron frente en escaramuzas a las tropas invasoras. También, hay que plantear que hubo sectores políticos y sociales del país como la clase propietaria, vinculadas al autonomismo, que vieron con buenos ojos la intervención militar arguyendo que con ello se trasplantarían los derechos democráticos liberales estadounidenses de inmediato a la isla. Realmente, el desiderátum de esta clase social era insertarse en el mercado estadounidense con la ilusión de ser los principales proveedores del azúcar de la nueva metrópolis.  Se trasplantó un gobierno militar, la compra a quemarropa de la tierra devaluada en la isla, por el cambio de moneda, por parte de las centrales azucareras estadounidenses y la eliminación de uno de los derechos democráticos fundamentales, la Libre determinación.

Una fracción mayoritaria de los propietarios puertorriqueños le entregaron el gobierno a los invasores.   Estos sectores capitaneados por Luis Muñoz Rivera y José Celso Barbosa colaboraron con la intervención política-militar y económica, y estuvieron dispuestos a convivir con una dictadura político-militar liberal.   Algo parecido, no igual, al colonialismo británico en Irlanda.

Las condiciones de vida de las clases trabajadoras puertorriqueñas bajo la dictadura de las corporaciones del azúcar y del tabaco, atacando las industrias locales y sometiendo al capital puertorriqueño, fueron paupérrimas.   La década de 1920 es una de transiciones políticas importantes y una de crisis social y económica en la sociedad puertorriqueña de la primera posguerra o del mundo entre guerras.

En el escenario de la política insular aparecen dos figuras políticas centrales: Luis Muñoz Marín, colaborador social del imperio y Pedro Albizu Campos la figura política anti-imperialista más coherente con una visión política y social sobre la república de Puerto Rico.

La labor de Albizu Campos germina en un movimiento de liberación nacional revolucionario que decide enfrentar al imperialismo.   El nacionalismo albizuista fue el único movimiento que rompe con el imperio y se decide a crear una crisis política para forzar al mismo a ceder la independencia de la Isla. Ante esa tamaña e importante empresa, el imperialismo como todos los imperialismos fue despiadado, la represión fue sin cuartel. Una represión muy bien planificada, consistente en la eliminación de los cuadros revolucionarios anti-imperialistas, la apertura de ciertas beneficiencias sociales y la reorganización de la política partidista colaboracionista.

El Partido Comunista minúsculo, reducido a la influencia del Partido Popular Democrático y luego eliminado por la política del browderismo en 1943 desdibuja la posible influencia que pudo tener en la política puertorriqueña.   El alejamiento de los comunistas puertorriqueños del trabajo anti-imperialista en la Segunda Guerra Mundial y su concentración en el trabajo social, desvinculado de la labor anti-imperialista en una colonia según las tesis leninistas, atrajo a los comunistas que militaban en el nacionalismo revolucionario en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y en la posguerra.

Estos factores, sin duda, afectaron políticamente al nacionalismo revolucionario, dejando un espacio político amplio al desarrollo de la política de colaboración del PPD y Luis Muñoz Marín. Sin embargo, las fuerzas anti-imperialistas siguen desarrollando su lucha en el contexto de las décadas de 1950 y 1960, la revolución anti-imperialista y socialista cubana será un suceso cardinal en la historia del Caribe. En ese proceso los independentistas liberales se aglutinan en el Partido Independentista Puertorriqueño, bajo los influjos de la radicalización de la revolución cubana y la insurrección nacionalista de 1950, sectores radicalizados abandonan el PIP y junto a los comunistas provenientes del nacionalismo y del Partido Comunista, entre ellos la figura central de César Andreu Iglesias del PC, se funda el Movimiento Pro-Independencia, MPI.

El MPI motoriza la lucha de independencia en un contexto de crisis político-económica en la colonia y de guerras de baja intensidad en el contexto mundial. El independentismo anti-imperialista y socialista comienza a insertarse en el movimiento obrero y en las masas populares, de forma prolongada. Un trabajo que fue abortado por las visiones aceleradas de los procesos políticos y sociales que llevó a una desarticulación de las estructuras organizativas del Partido Socialista Puertorriqueño, criatura política del MPI.

El imperialismo y su estado colonial, como parte de la represión directa a los cuadros revolucionarios, apoyados por una emigración cubana de derecha que se ancló en este país con una actitud igual de imperialista, implantó un nuevo sistema de beneficiencia social que mitigó, y mitiga, de forma relativa algunos problemas apremiantes de las masas pobres y trabajadoras del país.  Nuevamente, el imperialismo utiliza la beneficiencia social para atraerse a los amplios sectores sociales que pueden constituir la base de la revolución puertorriqueña. Esa base social en los años del desarrollo de la industrialización dependiente y colonial la constituía los sectores populares y la clase obrera cuya presencia numérica era significativa. Una vez se desploma la industria petroquímica y se elimina las empresas 936 la clase trabajadora puertorriqueña asiste a un proceso de achicamiento en su vertiente industrial y adquiere una mayor presencia en el sector público.   En términos generales, en la actualidad la clase obrera es más pequeña que en la primera mitad del siglo XX y menor a la existente en los años de 1960 al 1980.

Podríamos establecer que ha ocurrido un achicamiento de la clase trabajadora oficial y una ampliación del sector trabajador informal y de los sectores populares, sumado a un avance significativo de la economía del narcotráfico.   A ello hay que sumarle un factor, la ampliación de las transferencias federales. El fondo de las transferencias federales y el presupuesto colonial son los fondos que han servido de abastecimiento, por medio del robo legal e ilegal, de capital a la burguesía parasitaria puertorriqueña articulada políticamente en el Partido Popular Democrático y en el Partido Nuevo Progresista. Esa burguesía parasitaria ha expandido y profundizado sus garras de pillaje sobre esos fondos ante su carencia de fuentes de acumulación de capital.   Hay añadir que sectores de esa burguesía parasitaria, además de vivir del dinero público, tienen sus inversiones en el mundo del narcotráfico.

A ello hay que sumar otro factor, la dependencia en un 85% de productos confeccionados en el extranjero en su mayoría por marcas corporativas estadounidenses. Un pueblo que no coma, vista y calce con productos en un gran porciento elaborados en su territorio es uno cuya mirada esta volcada hacia el exterior abandonando toda posibilidad de conocerse desde sus raíces, desde su interioridad. Y los individuos como los pueblos que no tengan una psiquis interior coherente, una personalidad definida, están destinados a la “bipolaridad política”.

 

La crisis de la izquierda política y la crisis política de la colonia Puerto Rico USA

           

            Ya casi es un denominador común decir “la crisis de la izquierda”. Los factores generales de esa crisis ya se han sobreanalizado pero sin la voluntad política no hay programa ni proyectos, ni análisis revolucionarios que se puedan implantar. La voluntad política requiere de un compromiso que los integrantes de la izquierda política no estamos dispuesto a pagar. Problemas como el sectarismo, el gigantismo, el practicismo, el teoricismo, entre otros, han existido y existirán, todos esos malos funcionamientos pueden neutralizarse si existiera una práctica revolucionaria coherente y clara.

La izquierda puertorriqueña ha sufrido de un fenómeno en las últimas décadas poco estudiado, su colonización euroestadounidense.  Los centros de enseñanza en el mundo moderno se convirtieron en un momento dado en focos de generación de pensamiento crítico; donde se producían juicios racionales rigurosos sobre los problemas centrales del mundo contemporáneo y se exponían soluciones que en algunos momentos estuvieron acompañados de una acción política.

La invasión de las nuevas ideas posestructuralistas del pensamiento sociológico e historiográfico de la academia europea a la universidad colonial puertorriqueña desmontó toda posibilidad de pensamiento crítico.   Si el pasado es una construcción social lingüística y solo se puede acceder meramente como una escritura literaria, la verdad como concepto entonces es sumamente relativa y su estatuto es cuestionable hasta el extremo de negarla. Esa es una de premisas fundamentales asentadas en la historiografía y en las ciencias sociales puertorriqueñas.   La versión de ese pensamiento irracional europeo nos llegó a la universidad colonial insular por medio de la academia estadounidense.

Otra consecuencia de esas ideas irracionales es que las luchas sociales hay que darlas de forma seccionada, el llamado seccionalismo estadounidense. En Puerto Rico, la mujeres están organizadas, los gay, transgéneros y las lesbianas, los ambientalistas, los sindicalistas, los independentistas y los estudiantes. Cada grupo se aferra a su pequeña trinchera, su horizonte político no trasvasa su grupo o sección.   Los independentistas que podrían parecer los que tienen una visión de la totalidad del problema han caído presa del soberanismo colonial del Partido Popular Democrático, y la independencia ni la impulsan, ni la plantean, ni la defienden pues los derechos democráticos, esbozados y definidos por el progresismo estadounidense, son primeros. Relegando el más fundamental derecho democrático para una comunidad colonizada, el derecho a su independencia. El derecho a conquistarla por todos los medios posibles y a adquirir pleno control de su territorio, agua y cielo, y a organizarse políticamente en una república.

Entonces si el seccionalismo estadounidense se ha impuesto como programa activo y la independencia ni se invoca en los centros espiritas, el futuro de la nación puertorriqueña será ser colonia USA por largos años cuando no toda la vida.   Es en ese sentido, que parte de la izquierda puertorriqueña yace colonizada por la ideología irracional euroestadounidense.   Tan es así, que en la pasada campaña electoral un líder político de los trabajadores, candidato a gobernador, sostuvo en entrevista que estaba dispuesto a que los estadistas lo convencieran de esa opción de estatus. La independencia se ha convertido en un problema para los independentistas. Hasta ese extremo nos han arrinconado en la colonia.

Mientras más se profundiza esta tendencia colonialista en la subjetividad y objetividad de los resortes de la sociedad colonial puertorriqueña, más difícil se hace articular un movimiento de liberación nacional. El trabajo político en esa dirección confronta nuevos escenarios no antes agudizados como es el problema de la narcocolonia. El trabajo político de liberación nacional en los sectores populares y en otros grupos sociales tiene que prender de un proceso prolongado, con cuadros políticos formados no en el espontaneísmo ni en el protagonismo mediático, sino en una política revolucionaria paciente y planificada, cuyo objetivo central sea ir elaborando un convencimiento de la necesidad de la independencia.

En sus inicios ese trabajo político será anónimo mientras vaya tomando forma y presencia organizada, con una ofensiva clara, consciente que en la defensiva no se avanza, que es la ofensiva donde todo movimiento político logra acumular fuerzas y experiencias para el accionar político.   Con esta perspectiva el movimiento de liberación nacional debe insertarse de forma prolongada en las comunidades pobres, en los centros de trabajo y de estudio, en las distintas luchas del pueblo sin caer en el sectarismo del seccionalismo, y tomando clara distancia de los partidos coloniales. Se hace necesario un proyecto político de liberación que rebase los estrictos marcos de los intereses individuales. Un proyecto de liberación que no sea rabiza de ningún movimiento internacional ni metropolitano. El proyecto de liberación nacional debe comenzar a sembrarse en las mentes de los puertorriqueños, y ese movimiento se tiene que comenzar a proyectar por todos los medios posibles. En la escuela, en la comunidad, en la participación electoral, en el trabajo internacional, en los grupos de mujeres, en la lucha ambiental, en el trabajo agrícola, etc., la llamada amplitud no debe ser un pretexto para dejar de impulsar la idea de la necesidad de la independencia. Ello requiere de un trabajo político largo, paciente e informativo. Es el antídoto más eficaz para confrontar de forma creativa la destrucción colonialista de nuestra sociedad, sembrar la idea de la necesidad de la independencia nacional.

 

 

La pregunta

            La interrogante con la cual titulé este ensayo es una que pretende ser abierta para que los que se sientan llamados a contestarla puedan hacerlo. Ya esbocé algunas ideas generales en mi intento de ofrecer posibles repuestas.

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Primero de mayo proletario

El movimiento obrero puertorriqueño se mostró dividido y debilitado en la celebración de los actos del Primero de Mayo.  La festividad internacional obrera es la expresión más radical del movimiento obrero.  La fecha conmemora el sindicalismo político clasista y revolucionario contra el capital.  En sus orígenes las ideas radicales estaban marcadas por el marxismo y el anarquismo, lejos de las tendencias tradeunionistas o del sindicalismo empresarial estadounidense, y  esas ideas radicales permeaban al movimiento obrero en su conjunto.  Hoy, mayo de 2015, el movimiento obrero puertorriqueño, por un lado, está permeado por un sindicalismo reformistas que incluye al sindicalismo empresarial y a los sindicatos y movimiento políticos reformistas coloniales, y por otro lado, a una vertiente radical que tiende a impulsar ideas más avanzadas y de ruptura pero con una política de alto contenido sectario e inflexible.  El sindicalismo empresarial con su fondo monetario de AFL-CIO domina definiendo al sindicalismo puertorriqueño como uno refromista y legalista muy cercano al Partido Popular Democrático.

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Situación actual del movimiento obrero puertorriqueño

Situación actual del movimiento obrero puertorriqueño

Por: Raúl Guadalupe de Jesús

            La historia del movimiento obrero puertorriqueño está estrechamente ligada desde sus orígenes a la condición política del colonialismo.   La Isla desde la llegada de los europeos y los estadounidenses ha sido un enclave de explotación colonial.  Esta situación política ha determinado las dimensiones históricas y políticas de  la realidad puertorriqueña, desde su existencia como comunidad material antropológica sobre el globo y, particularmente, sobre el archipiélago antillano.

            Es importante tener conciencia del estado colonial para poder abordar de forma adecuada nuestros problemas sociales.  Sobre todo para  acercarnos al análisis de la realidad actual del movimiento obrero puertorriqueño.   No partiré de un análisis desde los orígenes porque intereso detenerme en la realidad actual.  En historia, cuando se habla de la realidad actual, el análisis comprende la observación de varias décadas o años.  

            La estructura histórica del movimiento obrero no se reduce al movimiento de trabajadores organizados en sindicatos.  Incluye la realidad de todos los trabajadores, de todas sus organizaciones; ya sean cooperativistas, comunales, sindicales y las organizaciones políticas que plantean la defensa de sus intereses, desde las reformistas hasta las radicales.  La heterogeneidad del movimiento obrero no reside solo en su diversidad de funciones en la estructura de trabajo si no en sus manifestaciones políticas organizativas.  No obstante,  esa heterogeneidad  tiene que ser coordinada y planificada de forma coherente en una unidad organizativa, para poder negociar de forma contundente con los patronos o para que si se crean las condiciones materiales poder provocar cambios  en la política del país.

            En la década de 1940, el movimiento obrero puertorriqueño tuvo una de las primeras centrales de trabajadores independientes forjadas por los líderes sindicales del momento, por  el incipiente Partido Popular Democrático y el Partido Comunista Puertorriqueño. La Confederación General de Trabajadores (CGT) fue la primera organización obrera moderna que acaparaba la amplia variedad de la clase obrera insular.   La CGT se organiza en el Puerto Rico dirigido por uno de uno de los intelectuales orgánicos más efectivos y coherentes del imperialismo estadounidense, Rexford  G. Tugwell, perteneciente al llamado brain trust del presidente Roosevelt.   Antes que Tugwell culminara sus gestiones en la colonia, la fuerza sindical y obrera de la CGT se dividió a causa de las políticas de control que el Partido Popular Democrático introdujo en la central de trabajadores.   El Partido Comunista no pudo detener o frenar la fragmentación de la CGT debido a los controles coloniales que el Partido Comunista de los Estados Unidos  tenía sobre este. En 1943 el Partido Comunista estadounidense ordenó la desorganización del Partido Comunista Puertorriqueño (Investigación en desarrollo).

            Luego de la fragmentación de la CGT, ocurre la segunda gran llegada de las sindicales internacionales de la AFL-CIO, profundizando la fragmentación del movimiento sindical local y la aprobación de leyes anti-obreras como la Ley Taft-Harley. Es importante señalar que la división de la CGT por los líderes del Partido Popular Democrático impone 25 años de paz laboral en el ambiente político insular.  Aunque durante este período ocurrieron varias huelgas, ninguna tuvo el impacto de estremecer las condiciones políticas de la colonia.  Después de este primer esfuerzo organizativo de una central de trabajadores, los segundos intentos se realizaron a finales de la década del sesenta y en el primer lustro de la década de los setenta con la organización del Movimiento Obrero Unido y el accionar político del Partido Socialista Puertorriqueño (en su primer lustro de organización como señala Ángel M. Agosto). 

             La crisis económica del capital en la colonia (el sistema capitalista entra en la primera recesión generalizada de la posguerra en los años de 1974-1980) produjo unos niveles de desempleo que golpearon de forma severa la gestión de la organización sindical, el aumento de las transferencias federales y la crisis de las organizaciones políticas radicales determinaron la orientación de coexistencia pacífica entre los trabajadores y los patronos.  El patrono principal del movimiento sindical organizado es el gobierno. 

             A principios de los años ochenta, el movimiento sindical organizó un frente sindical llamado el Comité de Organizaciones Sindicales (COS).  Este frente sindical estuvo compuesto nominalmente por 86 organizaciones sindicales entre las que se destacan las pertenecientes a la Central Puertorriqueña de Trabajadores, las organizaciones bonafide, el Concilio General de Trabajadores, organizaciones sindicales del Sector Público Independiente, de la Federación del Trabajo (AFL-CIO), Sector Privado Independiente y organizaciones fraternas.  Hay que destacar que, entre los años de 1976 al 1982, se realizaron varias huelgas de los trabajadores de la Autoridad de Energía Eléctrica y la huelga masiva de los estudiantes universitarios de 1981.  Estas huelgas motorizaron el auge electoral que el Partido Popular Democrático obtuvo en las elecciones de 1984.

            El COS funcionó entre las décadas de 1980 y 1990.  Fue el frente sindical que comenzó a movilizarse en contra de la venta de la Compañía Telefónica  desde los tiempos de la segunda administración colonial de Rafael Hernández Colón y el PPD.  Estas luchas se extendieron hasta el segundo periodo de la gobernación de Pedro Rosselló González.   

            Durante la gobernación de Hernández Colón el movimiento obrero se movilizó con cierta fuerza frente a los predios de la Asamblea legislativa colonial.  Los sectores políticos radicales que defendían los intereses del movimiento obrero comenzaban a entrar en un período de crisis organizacional aguda a nivel local e internacional. La primera manifestación de esa crisis fueron las derrotas revolucionarias en Centroamérica y el Caribe, y la caída del bloque soviético. En Puerto Rico, los sectores más radicalizados se articulan en 1989 en lo que se conoce como el Frente Socialista de Puerto Rico, luego de la derrota y el desplome de las organizaciones revolucionarias radicales en los primeros cinco años de la década de 1980.  La acción de este sector político fue una de solidaridad con el movimiento obrero.  El Frente Socialista nunca pudo articular un plan estratégico, disciplinado y coherente de organización obrera.  Sus filas estaban compuestas por individuos militantes de las décadas anteriores, por organizaciones socialistas muy pequeñas y por jóvenes radicalizados, en su mayoría universitarios.  En sus comités era muy poca la presencia de trabajadores del sector público y privado.  Así se mantuvo en toda su existencia productiva. El Frente Socialista jugó un papel importante en la lucha contra la venta de la Telefónica en el segundo período de la gobernación del PNP y Pedro Rosselló González.  Su labor fue importante en la organización del Comité Amplio de Organizaciones Sindicales (CAOS).

            No obstante, luego de un largo proceso de huelga el Frente Socialista no cosechó frutos de ese proceso de lucha obrera.  Ello respondió a la inexistencia de una política estratégica de organización para con los trabajadores.  Podríamos decir que luego de ese proceso el movimiento obrero en su conjunto aceleró su crisis organizacional.  Antes de la huelga contra la venta de la Telefónica, en el primer período de la administración colonial de Rosselló González, se aprobó la Ley de sindicalización de empleados públicos conocida como la Ley 45.   Esta ley motivó otra gran oleada invasiva de la AFL-CIO en el movimiento sindical insular.  

            El modelo organizacional de la AFL-CIO entronizó el sindicalismo corporativo en el movimiento obrero puertorriqueño.  El sindicalismo corporativo visualiza la organización sindical como un negocio ‘tradeunionista’ de cuotas y servicios.   Matiza en lo mínimo la movilización obrera y desarrolla una educación sindical orientada a la paz laboral y a la negociación con los sectores patronales, incluyendo el gobierno patronal.  En los Estados Unidos es más que conocida su trayectoria de vínculos con el Partido Demócrata.  También, se han realizado estudios sobre el papel de esta sindical internacional en la intromisión política norteamericana en el movimiento obrero latinoamericano y caribeño. 

            En el movimiento obrero puertorriqueño durante la primera década de este siglo hemos evidenciado la política sindical de la AFL-CIO, incluyendo a sus desprendimientos, de imponer una paz laboral, la negociación de cuota y servicios, y la estrecha colaboración con las políticas patronales del gobierno colonial.  Hemos evidenciado como dirigentes obreros han sido nombrados a Juntas de Gobierno de la actual administración colonial.  Los sueldos de los dirigentes del sindicalismo corporativo se equiparan a los de algunos directores o jefes de agencias del gobierno colonial.   Mientras el sector de trabajadores del sector público ha recibido, y sigue recibiendo, los más despiadados ataques de los gobiernos PPD-PNP, los sindicatos en el sector de la construcción han desaparecido y en la manufactura sus niveles de organización sindical se han reducido de un 6 % a un 1%.  La aprobación de la ley 45 impuso mecanismos de descertificación más severos a las organizaciones sindicales y  prohibió el derecho a la huelga. En 1998 solo el 7% de los empleados públicos estaban organizados bajo esta ley, hoy en el 2014 sobrepasa el 10%.

            Las estadísticas más recientes del Negociado de Estadísticas del Trabajo del año 2005 exponen que la cantidad de trabajadores asalariados es de 1, 250,000; de obreros organizados 141,000 y de trabajadores unionados 122,000.  Para octubre del 2008, el empleo asalariado se registra en 1,000,000; los obreros organizados  en 143, 000 y los unionados en 104,000.  Hubo una merma de trabajadores sindicalizados entre el 2005 y el 2008.   Luego de la huelga contra la venta de la compañía telefónica, en el país no se ha registrado una lucha obrera de igual envergadura.  Según estadísticas del Departamento del Trabajo el movimiento obrero empleado en el país  ha descendido a un 39%.  Cifra nunca antes alcanzada en la historia desde la segunda mitad del siglo pasado.

            Durante la administración colonial, dirigida por Aníbal Acevedo Vilá, la Federación de Maestros de Puerto Rico se lanzó a un proceso huelgario importante en contra de la privatización del sistema público de enseñanza.  Esa huelga tuvo dos logros importantes, detuvo de forma momentánea la privatización del sistema de educación pública y se retó por primera vez la ley 45 que prohibía el derecho a la huelga.   Dicho proceso huelgario (que merece un estudio más detenido) produjo también dos consecuencias nefastas para el movimiento obrero, la descertificación por parte del patrono de la Federación y las acciones inadecuadas de los sectores políticos que históricamente han defendido los intereses del movimiento obrero como el MINH, el MAS y el MST  (este último punto también merece un análisis más detenido).  Cabe señalar que las pugnas organizacionales de dos de estos sectores y las posiciones anti-huelgas de uno de ellos no ayudaron en nada a la organización magisterial.   

            Los despidos masivos del gobierno colonial bajo la dirección de Luis Fortuño Burset generaron una marcha del movimiento obrero de miles de trabajadores que  ni siquiera se atrevieron a estremecer los lugares simbólicos del gobierno colonial patronal: el Capitolio y la Fortaleza.   Esta marcha de miles de trabajadores que se concentró frente a Plaza Las Américas estuvo dividida desde su liderato hasta su base.  El movimiento obrero no fue capaz de presentarse como una fuerza compacta y solida.  Luego de esa marcha, todo el mundo se reintegró a sus labores cotidianas y no sucedió nada trascendental.

            No cabe la menor duda que la derrota electoral de Luis Fortuño Burset en las elecciones pasadas se debió a los golpes rudos que dicho partido, con el apoyo de la clase burguesa parasitaria del patio, le propinó a los trabajadores del país.  Esa clase burguesa parasitaria roja-azul está organizada en la Asociación de Industriales, en la Cámara de Comercio y en la banca del país.  Esta posee control e influencia en los aparatos ideológicos del estado como la prensa, la radio y la televisión.  Un ejemplo muy reciente es el programa que todas las televisoras extranjeras en la Isla produjeron en contra de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y en contra de la UTIER. 

            El gobierno de Alejandro García Padilla es la continuidad del gobierno neoliberal de Fortuño.  Los sectores independentistas que prefieren la medicina amarga de los rojos es por una cuestión de estilo y lenguaje, y otros porque ocupan puestos de confianza en gobiernos municipales del PPD.  Todo esto porque su posición social en la sociedad colonial es mucho más cómoda que la de los trabajadores asalariados del país.  Incuso, algunos de estos sectores han querido hacer una revisión histórica de la figura de Luis Muñoz Marín y se inclinan a justificar todas las políticas anti-obreras de la administración de García Padilla.

            Ante esta nueva embestida contra los trabajadores, el movimiento obrero se encuentra profundamente dividido y debilitado. Su legitimidad social frente a los sectores populares es pobre. El apoyo que pueda generar en los endebles sectores políticos organizados que defiende los intereses de los trabajadores es casi inexistente.    Una esperanza que intenta abrirse paso en el horizonte político son las propuestas de reforma social que el Partido del Pueblo Trabajador (PPT) ha lanzado al debate público partidista a favor de la clase obrera.  El PPT se presenta como una versión contemporánea de lo que fue el PPD en los años cuarenta según su versión revisada de la historia de ese partido.     Habría que esperar por el trabajo político de base obrera que el PPT desarrolle a largo plazo. 

            Otra organización que intenta influenciar las estructuras débiles del movimiento obrero es el Movimiento Socialista de Trabajadores (MST).  Esta organización tiene sus focos de trabajo sindical concentrados en el magisterio, en la FMPR y en algunos sectores obreros del sector privado.   Veremos si pueden desarrollar un trabajo político efectivo y duradero en las filas de los trabajadores organizados.

            Creo que estamos viviendo las consecuencias de una larga crisis organizativa que se abrió paso acelerado en 1976 con la división del Partido Socialista Puertorriqueño.  Como nos dice uno de los fundadores y principales dirigentes de esa organización, Ángel M. Agosto, en su ensayo “¿Qué está pasando en el movimiento obrero?”. Este ensayo se publica recientemente en su libro 5 ensayos para épocas de revolución. En él expone unas palabras cuya pertinencia para el momento actual resuenan como un eco repetido.  Nos dice:

                  Como no se puede cosechar lo que no se ha sembrado, no se puede pretender un nuevo movimiento obrero si no se ha                       trabajado en serio para ello, sino con esfuerzos realmente esporádicos y fugaces.

                  La mentalidad de corto plazo, cuando se apodera de las instancias decisivas en las luchas revolucionarias, no tiene otra                       consecuencia que envolver a los movimientos sociales en unos extenuantes e inútiles círculos viciosos con efectos                               desmoralizadores para los que luchan.

                  ¿Cuántas veces no hemos abandonado el trabajo paciente, silencioso, de establecimiento de bases de poder cuyos frutos                   no se verían sino a largo plazo, en aras de unas campañas con objetivos de corto plazo, muchas veces efímeros pero                           cuyos efectos reales los sobrestimamos, abrumándonos nosotros mismos con nuestra retórica eclipsante? (73-74)

 

Nota de coyuntura:  Con la implantación reciente de las políticas neoliberales contra el pueblo trabajador por parte del Partido Popular Democrático, un sector del movimiento sindical organizado en las corporaciones públicas y demás dependencias gubernamentales se deciden a realizar una serie de acciones sindicales.  Paros selectivos y paros generales, veremos si la realidad de estas futuras movilizaciones puede levantar al movimiento obrero en su conjunto de su crisis estructural y política.

 

Hato Rey, Puerto Rico

5 de junio de  2014

 

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Irracionalismo, compromiso intelectual y naturalismo crítico (Notas sobre la formación intelectual en la colonia) por: Raúl Guadalupe de Jesús

Irracionalismo RGDJ

Irracionalismo, compromiso intelectual y el naturalismo crítico
(Notas sobre la formación intelectual en la colonia)
Por: Raúl Guadalupe de Jesús

Al emprender mis estudios universitarios, allá para el año de 1986, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico me acompañaba la esperanza de formar un espíritu crítico en mis estudios en Sociología. Vana esperanza. Al no ser por ciertas lecturas previas como Los condenados de la tierra de Franz Fanon, Las venas abiertas de América latina de Eduardo Galeano, La lucha por la independencia de Puerto Rico de Juan Antonio Corretjer, la poesía de Luis Llorens Torres, Corretjer y Luis Palés Matos, y Salario, precio y ganancia de Carlos Marx, recomendadas y discutidas con algunos maestros de mis años de escuela superior, mi pensamiento hubiera caído presa de la filosofía irracionalista que comenzó a dominar los estudios académicos en la isla a mediados de los años ochenta. A esos maestros formados en años de gloria mi deuda eterna.

En este ensayo me propongo trazar algunas reflexiones sobre la hegemonía de la filosofía irracionalista en los departamentos académicos de la Universidad de Puerto Rico, sobre todo en los campos de las humanidades y las ciencias sociales, y exponer el daño intelectual que las llamadas corrientes posmodernistas, irracionales, han causado a la formación de un pensamiento científico revolucionario para entender y transformar la sociedad. La hegemonía de esta escuela irracionalista ha producido consecuencias sobre el compromiso de los intelectuales que ha llevado a empobrecer la producción de una teoría científica en la academia puertorriqueña. Mis reflexiones estarán atadas a los tejidos que la experiencia de vida tiende sobre el análisis y el estudio. Por ello, el tono testimonial que en momentos, además de reflexivo, tendrá este ensayo.

Luego de la aventura del posmodernismo irracionalista y a causa del acomodo institucional de un marxismo académico y de un débil nacionalismo , nos encontramos en un desierto intelectual en el que la generación de un pensamiento o teoría crítica parecen piezas arqueológicas. No obstante los avatares del irracionalismo, el marxismo como instrumento de análisis y transformación de la sociedad sigue siendo una herramienta útil unida a reflexiones que se vienen discutiendo en el campo de la filosofía de la ciencia. Una de esas reflexiones es la que el filósofo indio Roy Bhaskar propone con el nombre de realismo crítico.

También, los nuevos descubrimientos científicos en áreas como la física moderna y la neurociencia nos pueden arrojar luz, caminos analíticos por donde poder transitar en estos tiempos de incertidumbres creadas a conveniencias de unas posturas ideológicas cuyo fin es legitimar el poder hegemónico de la sociedad de mercado. Sostengo que el marxismo como herramienta de análisis tiene que nutrirse de los nuevos descubrimientos en las ciencias naturales y sociales, así como de las innovaciones tecnológicas para poder nutrir de dinamismo y fuerza dialéctica el análisis materialista de la historia. La relación entre los descubrimientos científicos, la filosofía e historia de la ciencia y el marxismo, como método de análisis para la acción, trazarán el sendero para salir del irracionalismo y sus secuelas, el escepticismo y el relativismo radical.

Por último, analizaré como todo este movimiento ha tenido sus consecuencias en el lugar que los intelectuales deben poseer en la sociedad. El compromiso social de los intelectuales hoy parece un tema de la racionalidad clásica ya superado por un nihilismo y un narcisismo perniciosos. Al desterrar a los intelectuales del compromiso social se ha saboteado las capacidades de la producción de un pensamiento y una teoría científica para la transformación social. Las consecuencias inmediatas, y a largo plazo, de todo este proceso ha sido la legitimación del orden social capitalista colonial en que vivimos. La academia puertorriqueña ha sufrido de una nueva colonización intelectual.
El irracionalismo posmoderno en la academia puertorriqueña

El universalismo occidentalista de la universidad de Jaime Benítez y su contraparte el proyecto independentista-socialista radical comienza a desvanecerse en los años setenta. A partir de los años ochenta asistimos a una segunda colonización con la hegemonía del occidentalismo de las teorías irracionales del posmodernismo anglo-francés.

Esta corriente seudocientífico-filosófica de la realidad se anida, como señalé anteriormente, en los años ochenta en la academia puertorriqueña, específicamente en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Hoy es la corriente dominante en los Departamentos de la Facultad de Humanidades y de los demás recintos y unidades del sistema universitario público. Es preciso exponer una definición clara de dicha corriente, antes de hacer un recuento de lo que creo han sido las consecuencias nefastas de esta perspectiva especulativa de la realidad en los estudios universitarios.

Para Alan Sokal y Jean Bricmont, el posmodernismo es una escuela de pensamiento que se caracteriza por el rechazo más o menos explícito de la tradición racionalista de la Ilustración, por producciones teóricas desconectadas de cualquier evidencia empírica, y por un relativismo epistemológico y cultural con el cual se define a la ciencia como una narración, un mito o una construcción social. El padre intelectual del posmodernismo (posestructuralismo) fue lo que se denominó el Estructuralismo. El estructuralismo proviene de la palabra latina structura (del verbo struere) que posee, en sus inicios, una definición arquitectónica. El concepto sigue su desarrollo hasta que en los siglos XVII-XVIII el término se modifica por analogía con el cuerpo humano. El concepto vuelve a ser funcional a partir del siglo XIX con Spencer, Morgan y Marx. Aunque en Marx es poco frecuente. Sin embargo, el término fue consagrado a finales del siglo XIX por Emile Durkheim en Las reglas del método sociológico (1895). El estructuralismo tiene su origen entre los psicólogos que buscaban una alternativa a la psicología funcional a comienzos del siglo XX, sin embargo, el estructuralismo como corriente se sistematiza con el desarrollo de la lingüística y desde este campo de estudio, impacta a las ciencias humanas. A partir del Curso de Lingüística General de Ferdinand Saussure y de la Escuela de Praga, especialmente con Troubetzkoy y Jakobson, se va a generalizar el uso del término estructura y estructuralismo. Luego será el lingüista danés Hjelmslev quien utilizará el término lingüística estructural en 1939. Desde entonces el concepto impactó a las ciencias humanas para abrirse a un proceso de formación del estructuralismo como escuela o corriente intelectual desde los años de 1950 hasta tomar su más clara cristalización en el año de 1966.
En un intento de periodización de esta corriente, Dosse nos dice lo siguiente:

Existen varias formas de apropiación del estructuralismo en el campo de las ciencias sociales. Más allá del juego de los préstamos, las correspondencias, de una contigüidad que nos toca descubrir, siguiendo el consejo de Barthes a los futuros historiadores del estructuralismo, se puede efectuar una distinción que no oculta las fronteras disciplinares: por un lado, un estructuralismo cientificista, representado especialmente por Claude Levi-Strauss, Algiras-Julien Greimas o Jacques Lacan, que por lo tanto atañería a la vez a la antropología, la semiótica y el psicoanálisis; y por el otro, contiguo a esta búsqueda de la Ley, un estructuralismo más flexible, más ondulante y tornasolado con Roland Barthes, Gérard Genette, Tzvetan Todorov o Michel Serres, que se podría calificar de estructuralismo semiológico. Por último, existe también un estructuralismo historizado o epistémico donde encontraríamos a Louis Althusser, Pierre Bordieu, Michel Foucault, Jacques Derrida, Jean Pierre Vernant y de forma más general la tercera generación de lo Annales. Pero, más allá de estas diferencias, se puede observar una comunidad de lenguaje y de objetos que da a veces la impresión de leer el mismo libro a pesar de las variaciones de estilo y de disciplina que separan a un Barthes, un Foucault, un Derrida, un Lacan…

Dosse sostiene que el momento faro del estructuralismo como corriente intelectual fue el año 1966. Ya para el 1968 y los acontecimientos en París, el reflujo de su influencia se acrecienta, aunque se instalan de forma programática en la propedéutica universitaria. El impacto en las ciencias humanas no fue al unísono pues cada disciplina tiene su temporalidad. Aun así, disciplinas como la antropología, la lingüística, la sociología y el psicoanálisis creyeron encontrar en el estructuralismo un modelo científico. En la disciplina de la historia la influencia estructuralista avanza más tarde. Dosse, al historiar la influencia de esta corriente en el contexto universitario establece lo siguiente: ´´Desfases temporales, fluctuaciones disciplinarias en estos juegos de intercambio del campo intelectual: en todo caso, el estructuralismo permitió entablar numerosos diálogos, multiplicar coloquios e investigaciones fecundas, trasladar la atención de forma activa a los trabajos y avances de las disciplinas vecinas. Un periodo intenso, animado por pensadores que en su mayoría buscaban articular sus investigaciones con su práctica social.´´

Sin entrar en las aportaciones desiguales de la escuela estructuralista, por falta de más espacio, me interesa llamar la atención a los denominadores comunes. Uno de ellos es lo que Dosse denomina, el lenguaje común. El impacto de la lingüística fue central hasta tal punto que el inconsciente freudiano fue definido como un lenguaje por el psicoanálisis lacaniano. El lenguaje considerado como fundamento ontológico ya había sido propuesto por Ludwig Wittgenstein y el Círculo de Viena. Otro aspecto unido a la centralidad de la lingüística fue el carácter antihumanista. Como nos dijera Raman Selden; ´´ … los mismos estructuralistas han utilizado este adjetivo para poner de relieve su oposición a todas las formas de crítica literaria en las que el sujeto humano sea la fuente y el origen de significado literario.´´ Con estos postulados los estructuralistas ponen de relieve los aspectos que los posestructuralistas o posmodernos van a radicalizar: la extremada y absoluta descentralización del sujeto y la concepción de lo real, la realidad física natural y social, como meros actos de lenguaje. Estas dos visiones sobre la realidad llevaron a los estudios académicos a una concepción neoidealista de la realidad.

De forma paralela a la traslación histórica del estructuralismo al posestructuralismo posmoderno, el desarrollo del marxismo occidental confinó al marxismo, sobre todo luego de la Segunda Guerra Mundial, a un mero sistema de especulación filosófica. El divorcio entre teoría y práctica paralizó la riqueza teórica del marxismo como instrumento de análisis. Los trabajos realizados por sociólogos franceses como Nicos Poulantzas y las especulaciones lacanianas de Althusser abrieron la puerta a lo que en la era del prefijo pos se denominó posmarxismos. Los trabajos de Poulantzas como Las clases sociales en el capitalismo actual y Estado, poder y socialismo, textos que junto a los de Andre Gorz, iniciaron una interpretación simple de las clases sociales en el capitalismo de posguerra. El foco de sus interpretaciones simplistas centralizaron el mundo del trabajo a nivel de la circulación (de los servicios) sin adentrarse en los cambios producidos en el nivel de la producción capitalista local y global, sin atender el efecto de las innovaciones tecnológicas ni de las crisis cíclicas que pone sobre la palestra de la sociedad los conflictos entre las clases sociales. Estas consideraciones posmarxistas unidas a la descentralización del sujeto que los posmodernos instalaron en la academia occidental, junto a la teoría foucaultiana del poder, la crítica al meta-relato o al concepto de totalidad, la crítica absolutista de la Ilustración y del pensamiento científico, la caída de la Unión Soviética y el fortalecimiento del bloque capitalista, la teoría del fin de la historia fueron las semillas intelectuales de la actual situación irracionalista de la academia puertorriqueña desde la década de 1990 al presente.
David Harvey en su texto La condición posmoderna: Investigaciones sobre los orígenes del cambio cultural (1990; 1998) nos dice sobre la teoría del poder de Foucault que éste:

… creía que sólo mediante un ataque multifacético y pluralista a las prácticas de represión localizadas podía estructurarse algún desafío global al capitalismo que no cayera en las múltiples represiones del capitalismo bajo nuevas formas. Sus ideas apelan a los diversos movimientos sociales que surgieron durante la década de 1960 (feministas, gays, grupos étnicos y religiosos, autonomistas regionales, etc.), así como aquellos que se desilusionaron de las prácticas del comunismo y de la política de los partidos comunistas. Sin embargo, Foucault, en particular a causa de su rechazo deliberado a cualquier teoría global del capitalismo, deja abierta la cuestión de la senda por la cual esas luchas localizadas podrían sumarse a un ataque progresista, más que regresivo, contra las formas básicas de la explotación y la represión capitalistas. El tipo de luchas localizadas que Foucault parece alentar no ha tenido el efecto de desafiar al capitalismo, aunque, por cierto, Foucault podría responder razonablemente que sólo tendrían ese efecto unas luchas libradas para cuestionar todas las formas del discurso del poder.

El programa foucaultiano ha calado no sólo en el irracionalismo posmoderno sino en la izquierda que ante su crisis política se ha limitado a intentar modificaciones en el discurso del estado capitalista. Ciertamente, como apunta Harvey , esa alternativa no ha desafiado al capitalismo, ni a la rapacidad de una burguesía imperialista que, ante la crisis económica, busca sus fuentes acumulación sometiendo a las grandes mayorías a la miseria y al hambre por todos los escenarios, a nivel nacional como internacional. La localización de las luchas , la parcelación de estas persigue deslegitimar las teorías de la revolución que se han fraguado en los países subdesarrollados. La diferencia histórica consiste en que aun con los errores de los proyectos revolucionarios de liberación nacional y social, esa teoría se probó en la práctica, dirigidas por un pensamiento científico, y produjo resultados concretos todavía hoy perecederos. Las nuevas teorías posmodernas del poder son construcciones lingüísticas, muy entretenidas para los jugadores, similares a los modelos abstractos de la econometría, que tienen muy poco que ver con la realidad social y su transformación, porque no se trata de transformar la realidad sino de ingeniar formas de expresión. En cierta medida, no sólo es una vuelta al idealismo sino a la sofística antigua.

Lyotard sostiene que el vínculo social es meramente lingüístico y está determinado por un número indeterminado de juegos de lenguaje. La sociedad es concebida como átomos sociales en unas redes flexibles de juegos de lenguaje. El conocimiento es poder definido como forma lingüística. Para estos filósofos, el uso diferenciado de los trucos de lenguaje crea lenguajes y poderes institucionales. El poder es conocimiento que es igual a lenguaje. Si la transformación social y del mundo natural solo se puede librar en el terreno del lenguaje entonces no es raro que el desastre ecológico siga su curso acelerado y que los niveles de pobreza en el globo, o en esta isla cósmica como le gustaba decir a Engels, y en la sociedad puertorriqueña hayan aumentado exponencialmente en las últimas décadas, ante la ausencia de propuestas efectivas formuladas por los intelectuales a estos problemas.

La atomización lingüística del mundo no permite una representación unificada de la realidad. Y si para transformar el mundo se hace necesaria dicha representación unificada, los posmodernos contestarían que no se debe intentar. De esa manera,se abre paso una especie de pragmatismo norteamericano en donde la acción solo se concibe en la región de un determinismo local en relación a alguna comunidad interpretativa cuyos significados perderían todo sentido fuera de esa limitada región. Nuevamente, la parcelación de las luchas, la superioridad del fragmento, la reducción de la resistencia al cuerpo individual, de ahí la exageración hasta la náusea del concepto de deseo, todo en dirección a deslegitimar, y desprestigiar, la noción de sujeto revolucionario y del mundo como una totalidad posible de transformar.

Al igual que los estructuralistas, los posmodernos intentaron darle cierta cientificidad a sus postulados, aun cuando su crítica a la racionalidad científica de la modernidad es absoluta. Ya Alan Sokal y Jean Bricmont, han señalado lo desacertado desde un punto de vista epistemológico de la extrapolación de algunos conceptos de la matemática, la física moderna y la biología realizada por los filósofos más influyentes de esta corriente posmoderna.
En los capítulos de su libro titulados intermezzo, Sokal y Bricmont aprovechan para reflexionar sobre algunos problemas epistemológicos en la filosofía de la ciencia, criticando el relativismo absoluto, el solipsismo y los intentos de generalizar o clasificar el método científico. La metodología científica debe implantarse partiendo de la naturaleza de la disciplina científica, sea natural o social.

Los autores en su crítica a los filósofos posmodernos, hacen la salvedad que ellos no desautorizan a éstos en sus particulares disciplinas, si en el mal uso de los conceptos provenientes de las ciencias naturales. De esa misma manera, no paso juicio sobre las concepciones posmodernas en la arquitectura sino en las concepciones de esa corriente en el ámbito de las ciencias sociales, incluyendo a la historia, la literatura y la crítica literaria.

Los estragos intelectuales y académicos de esta corriente han sido devastadores. Ante una realidad social colonial capitalista en crisis permanente, sin reserva alimentaria, con una economía de la droga en ascenso acelerado, con unos índices de pobreza, problemas de salud y de violencia, la producción académica puertorriqueña ha optado por los juegos de lenguaje. El nihilismo y el narcisismo productos del posmodernismo criollo ha llegado al extremo no solo de negar la existencia de la realidad sino de la existencia antropológica de la cultura puertorriqueña. Otro efecto que ha causado la inmersión de la academia en la corriente posmoderna es la institucionalización del pragmatismo, los economistas y los científicos sociales en carrera de llenar sus bolsillos de dólares se han convertido en asesores de las instituciones coloniales. Los historiadores han sido más tímidos pero algunos de ellos han logrado obtener espacios de conveniencia como los historiadores neomuñocistas y los que se han dedicado a trazar una historia apologética de las familias e instituciones burguesas de la colonia.

La coincidencia de estos dos movimientos tiene que ver con el auge del irracionalismo en la academia y con el debilitamiento de las posibilidades de la producción de una teoría científica de la sociedad puertorriqueña. Dicho proceso ha determinado la redefinición del compromiso del intelectual para con la sociedad.

Harvey, al ofrecer ejemplos de cómo el irracionalismo posmoderno se ha vuelto hegemónico, nos dice que hasta el Papa Juan Pablo II y el Rey Juan Carlos de España expresaban sus opiniones en los términos de la posmodernidad. En 1991, un amigo y yo ante los sofismas irracionales del profesor del curso de Sociología del Estado, de forma muy intuitiva decidimos regalarle un afiche del Papa Juan Pablo II, al cierre del mismo.

El compromiso intelectual y la crisis de la cultura de los letrados

Los estructuralistas franceses con Claude Levi-Strauss a la cabeza, enterraron la figura que durante los años cincuenta y sesenta logró vincular el trabajo intelectual y el compromiso social en Europa, Jean Paul Sartre (una necesidad edipal que también exhibieron semiólogos como Roland Barthes y el escritor peruano Mario Vargas Llosa). Además, de El ser y la nada, dos obras adicionales ¿Qué es la literatura? y Crítica de la razón dialéctica fueron el blanco de los ataques de los estructuralistas.

La cárcel del lenguaje, expresión que tomo de Jameson, les llevó a distanciarse de todo compromiso intelectual para con la sociedad. El intelectual (sea sociólogo, biólogo, físico, político, filósofo o novelista) debía tener un solo objetivo, hacer su obra. Su único compromiso debía ser su trabajo intelectual. Es el estructuralismo lingüístico el que va a sentar las bases de la huida hacia el nihilismo y el narcisismo de los intelectuales en occidente y en la academia angloamericana. La crítica a la racionalidad clásica de los intelectuales interviniendo en los procesos sociales se generaliza y se convierte en hegemónica. El intelectual contemporáneo pretende construir una coartada en su ser. Difícil empresa en un mundo real determinado por la crisis económica del capitalismo y sus efectos sociales que producen movimientos, estallidos, revoluciones, pobreza, narcotráfico, contaminación ambiental y toda una secuela de problemas por atender. Ante esta imponente realidad, se está con el capitalismo y su defensa a ultranza, se le busca reformas amortiguadoras a sus efectos o se está en contra. Todos los entramados lingüísticos y textuales tratando de salir de esa realidad pretendiendo justificarse con discursos seudo-filosóficos al uso se constituyen en una defensa del actual sistema de producción social capitalista. Pretender negar el estatuto de la realidad y su acción sobre esta, constituye una coartada en el ser que persigue vivir en una selva sagrada, apartada del mundo social.

Bajtin, en su ensayo de principios de los años veinte, Hacia una filosofía del acto ético, nos dice al respecto:

El mundo como contenido del pensamiento científico es un mundo singular, autónomo, más no aislado, sino integrado, mediante el acto ético real, en el único y global acontecimiento de ser (sobytie bytiia). Pero este acontecimiento único de ser (edinstvennoe bytie-sobytie) ya no es pensado, sino que es, se lleva a cabo real e irrevocablemente, a través de mí y a través de los otros; por cierto, que también en el acto de mi propio proceder en cuanto a conocimiento (postupok poznania), se vive, se afirma de un modo emocional y volitivo, y en esta vivencia-afirmación integral la cognición no representa más que un momento. La unicidad singular no puede ser concebida, sino que tan sólo puede ser vivida participativamente. Toda la razón teórica no es sino un momento de la razón práctica, es decir, de la razón que viene de la orientación moral de un sujeto en el acontecimiento singular de su ser. Este ser no puede definirse en categorías de una conciencia teórica indiferente, sino que se determina mediante las categorías de una comunión real, es decir, de un acto ético, en las categorías de una vivencia eficientemente participativa de la singularidad concreta del mundo.

Es sumamente interesante como esta reflexión de principios del siglo pasado todavía conserva una actualidad y pertinencia inevitable. Para Bajtin, el sujeto tiene una función en el mundo y está integrado y comprometido con el mismo en la acción. La unicidad del ser para con el mundo por medio de su acción en el espacio es fundamento indispensable para la forma en que aprehendemos el mundo natural y social. Los últimos estudios en la neurociencia coinciden con las apreciaciones de Bajtin. La raíz de la cognición además de tener un eje endógeno, la comunicación de las neuronas por medio de la acción de los axones (que transportan energía) en las membranas, también posee un eje exógeno que es fundamental y que tiene que ver con la función de los sentidos sensoriales, como instrumentos de la función de las neuronas, y el desplazamiento de la especie en el espacio creando un proceso de ensayo y error que induce al desarrollo de funciones cerebrales como la mente y el pensamiento o el desarrollo de la reflexión. Dicho proceso, la acción del sujeto sobre el mundo, ya lleva contenida un compromiso con el mismo, ya sea un compromiso de derecha, de izquierda o de centro, incluso hasta religioso.

Las nuevas investigaciones en la neurociencia ubican al lenguaje como un instrumento epistemológico, como una herramienta que nos ayuda a aprehender de forma prolongada el mundo natural y social. El mundo no es el lenguaje. Esa premisa científica significa una ruptura cognoscitiva con el giro lingüïstico del irracionalismo posmoderno y con la coartada en el ser que han impuesto como programa intelectual.

Si bien, la abundante investigación científica sobre la naturaleza y la sociedad sigue produciendo información y hechos fácticos, la academia puertorriqueña en términos generales ha asumido el irracionalismo como horizonte epistemológico. Una de las primeras tareas de sus exponentes, provenientes de la izquierda marxista en sus distintas modalidades, es emprender un ataque ideológico al nacionalismo y a los sectores de la izquierda socialista. No bastó con exorcizar al marxismo y al nacionalismo anticolonial de las aulas académicas sino que hay que emprenderla contra la izquierda política organizada. Su primera embestida política fue su crítica a los sectores políticos de izquierda y sindicales que se opusieron de forma militante a la venta de la Compañía Telefónica por el gobierno de Pedro Rosselló González. La crítica posmoderna se realizó en una revista, dirigida por ellos, titulada bordes y que luego uno de sus exponentes más visibles, Carlos Pabón, volviera a retomar en su libro Nación posmortem. En ambos escritos se culpó a la izquierda nacionalista por haber impuesto su intransigencia política cosa que imposibilitó un manejo más flexible del conflicto. Los filósofos irracionales posmodernos al no estar vinculados al proceso de lucha no se percataron que la llamada izquierda nacionalista era y es casi inexistente, y que no tuvo, ni tiene la fuerza para dirigir un proceso huelgario. Fabricaron un muñeco de paja con el cual pelear. Sin embargo, lo que registramos fue un apoyo a la política de privatización del gobierno de Rosselló González y una profunda molestia por la resistencia de diversos sectores amplios del pueblo en contra de la venta. Lo mismo sucedió con la lucha contra la Marina de Guerra de los Estados Unidos en Vieques. Parecería que los movimientos de la realidad les causan molestia, le incomodan, porque no se ajustan al mundo fantasmagórico que llevan en sus cabezas.

De la misma manera en el 2001, luego de los ataques del 11 de septiembre, este grupo de filósofos irracionales publicaron en el periódico Diálogo de diciembre de ese año , un artículo endosando los ataques del imperialismo estadounidense a Afganistán. El artículo lo titularon ´´ La amenaza fundamentalista global: un punto de vista independiente´´ , utilizando de una forma ahistórica a Marx, bajo su premisa que el desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo significó una revolución progresista (argumento que hoy tenemos que ajustar al desarrollo histórico de los acontecimientos, sobre todo a los efectos de la acumulación capitalista sobre el planeta y la especie), entendieron que las miles de toneladas de bombas sobre ancianos, mujeres y niños afganos se justificaba. Su aliciente, según ellos, es que era un apoyo crítico. La barbarie y destrucción que causan las bombas desde el aire a una sociedad no se puede justificar con ningún apoyo crítico. Pudieron justificarlo apoyando de forma abierta y sincera al imperialismo. Ahora, apoyaron al imperialismo y a sus singulares condiciones de vida colonial desde la hipócrita y sarcástica postura del apoyo crítico. De nuevo, en ese artículo desdichado para ellos, volvieron a pelear con una izquierda de paja, solo existente en sus mundos imaginarios.

Lo peor de este proceso no es que desde su irracionalismo apoyen o no a las fuerzas políticas del poder imperialista. Ese es su acto ético y por ello son responsables. Lo peor no es que la emprendan contra la cultura puertorriqueña (no criticándola para mejorarla sino negando su existencia), que la emprendan contra los movimientos estudiantiles llamándoles turbas, contra los movimientos sindicales, entre otros. Lo peor es que conviertan su apostolado irracional en los programas académicos del país. De esa manera, tronchan toda capacidad universitaria para el desarrollo de un pensamiento y una teoría científica que impacte de forma coherente a la sociedad.

La vida en el lenguaje y en la coartada en el ser sume a los estudiantes en un pesimismo nihilista y narcisista sin precedentes en la historia puertorriqueña. La investigación histórica se ha convertido en una especulación metafísica de lo que sea o para ensalzar las figuras del muñocismo. Los profesores de economía se han convertido en asesores a sueldo del gobierno y de las empresas, sin desarrollar planes ni propuestas para un desarrollo local y verdaderamente sustentable. Los sociólogos andan en la metafísica francesa que importaron en los años ochenta o en una sociología positivista norteamericana sin ninguna aplicabilidad a la sociedad nuestra. Los críticos literarios en su mayoría andan divirtiéndose con los signos de un lenguaje que muy poco tiene que ver con nosotros como sociedad.

Este estancamiento del mundo letrado puertorriqueño incentiva el callejón sin salida de nuestra sociedad colonial. El intelectual comprometido con su ser, con su palabra y con su bolsillo pierde de perspectiva el conjunto de la sociedad. Sería injusto sumarle todas las culpas a los filósofos irracionales de la posmodernidad. Ellos ocuparon el lugar que se propusieron y lo han desmontado, los centros académicos. Por su parte, la izquierda anticolonial en todas sus vertientes también ha sido presa del giro lingüístico y de la aceleración y virtualidad de los medios de comunicación masiva. Sin embargo, su mayor responsabilidad recae en la no discusión a fondo de los efectos del irracionalismo en la vida cultural y política del país, y en no poder elaborar una crítica sistemática para el debate ideológico. Este último aspecto, así como la responsabilidad de los científicos naturales, lo desarrollo en otro trabajo en proceso.

Aspectos generales del naturalismo crítico

En los últimos años, en el mundo de la filosofía de la ciencia ha advenido un teórico fundamental, Roy Bhaskar. Sus trabajos A Realist Theory of Science (1975; 1997) y Dialectic: The pulse of Freedom, (1993) crean las bases para una nueva forma de estudiar la naturaleza y la sociedad desde una perspectiva materialista.

Bhaskar alejándose del giro lingüístico y de la extrapolación indiscriminada de conceptos y teorías de las ciencias naturales realizada por los filósofos irracionles, y que Sokal y Bricmont expusieran de forma clara y sin lugar a dudas, nos define su realismo o naturalismo crítico como una unidad fundamental del método entre las ciencias naturales y sociales. Nos previene de caer en el reduccionismo (identidad entre materia y sujeto) y en el cientismo que expone que no hay grandes diferencias metodológicas en el estudio de la materia y el sujeto. Para Bhaskar es obvio que para el estudio de la sociedad se deben considerar métodos específicos. El método científico para el naturalismo crítico no es un enfoque terminado y fijo si no todo lo contrario es un método que se específica según su objeto de estudio.

Para el naturalismo crítico la evaluación crítica del positivismo y la hermenéutica es fundamental como también el reconocimiento del carácter objetivo de la realidad con sus propios mecanismos de causa y efectos, y su propia estratificación. Para Bhaskar es un hecho que la naturaleza es y existe independiente de nosotros. Al ocuparse de la sociedad la perspectiva cambia pues la sociedad no puede existir sin nosotros. Ello supone una perspectiva epistemológica importante. El método científico, como exponen Sokal y Bricmont, no puede ser convertido en una metodología universal ni en un esquema cerrado. El método científico debe concebirse abierto y riguroso según los problemas a estudiar. Esta perspectiva es central para el marxismo, pues este elaboró las concepciones de materialismo dialéctico y materialismo histórico partiendo de los descubrimientos y experimentos científicos en su momento histórico. Los avances científicos y tecnológicos llevaron a crear una perspectiva de estudio de la sociedad y la naturaleza muy singular en la filosofía occidental. Marx y Engels pecaron de eurocentrismo en algunas ocasiones y en otras rectificaron dicha perspectiva a la luz de un método de estudio de la realidad que no era cerrado, ni dogmático, si no abierto y dinámico. Esa perspectiva es la que Roy Bhaskar rescata en el naturalismo crítico. Su interés es el conocimiento generado por experimentos científicos y la investigación científico social. Bhaskar crítica que la investigación se rija por la imposición de las estructuras de nuestra mente al mundo y a la sociedad. Las deducciones en el campo de la investigación no son fijas si no históricamente temporales.

Una de las aportaciones de Bhaskar para el marxismo es su consideración y rescate, en cierta medida, del materialismo dialéctico. Su esbozo de un método dialéctico crítico de argumentación vuelve a poner sobre ejes apropiados la dialéctica materialista. La consideración de los métodos y técnicas de investigación, tanto para la ciencia natural como la social, como instrumentos epistemológicos transitivos, no dogmáticos, aleja la confusión que las filosofías irracionales han sostenido de subsumir la epistemología en la ontología. Estas aportaciones de Bhaskar complementa las aportaciones de Sokal y Bricmont.

Con la crisis política y epistemológica del marxismo, luego del año de 1989, esta perspectiva revolucionaria no cabe duda que entró en una crisis en la que todavía permanece. Una crisis de conocimiento profundo de la realidad. La perspectiva marxista en Puerto Rico ha adolecido de un estudio concreto de la realidad sobre la cual operar. No basta con repetir modelos de análisis económicos de la academia estadounidense o europea sin emprender un análisis de la economía política de la colonia con la perspectiva en el horizonte de una transformación revolucionaria. El marxismo puertorriqueño en sus análisis de los últimos años se ha dedicado a ofrecerles recetas al estado colonial y al imperio, intentando abrir caminos de reformas pero no de transformación revolucionaria. Han convertido la perspectiva marxista en un ejercicio heurístico, en el uso y manejo de categorías fijas como si la realidad colonial no fuera una dinámica, aunque la estructura económica del coloniaje sea reproducida y mantenida por el poder imperialista en la isla. En otras palabras, hemos convertido el método de análisis del marxismo en uno cerrado, de categorías fijas, en consignas reproducidas desde los años ochenta, citando programas de transición de los años cuarenta, sin analizar de forma científica el contexto social puertorriqueño del nuevo siglo.

Creo conveniente, regresar a la perspectiva abierta, dinámica y científica del marxismo enriqueciéndolo con las nuevas perspectivas producto de la investigación y experimentación científicas, tanto de la naturaleza como de la sociedad, que se vienen creando en la filosofía de la ciencia, en la neurociencia, la física, la biología y en las investigaciones sociales que se están realizando en el campo del marxismo, sobre todo por investigadores del llamado Tercer Mundo. Volver al simple postulado, y a la misma vez complejo, de entender la realidad para transformarla desde la perspectiva revolucionaria. Para ello, los postulados del naturalismo crítico de Roy Bhaskar, entre otras, pueden ser un camino de comienzo muy rico.

Para ver las notas al calces puede acceder al documento adjunto.

Bibliografía

Maurice Corvez. Los estructuralistas: Foucault, Levi-Strauss, Lacan, Althusser y otros. Amorrortu editores, Argentina, 1979.

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