Breve comentario sobre el Jibarito tocando güiro, boceto para El Velorio de Francisco Oller

Breve comentario sobre el Jibarito tocando güiro, boceto para El Velorio de Francisco Oller

Por: Raúl Guadalupe de Jesús

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Jibarito tocando güiro de Francisco Oller

                Jean Casimir en sus importantes obras La cultura oprimida (1980) y en La

invención del Caribe (1997) define el proceso histórico social de las Antillas como uno

marcado, todavía hoy, por la dialéctica de la plantación/contraplantación. Los

colonizadores euroccidentales (Europa/USA) han tenido control de las estructuras

productivas, pero no han podido extender esa hegemonía en todos los poros del cuerpo

socio-cultural antillano. En ese espacio de libertad relativa se ha desarrollado la

contraplantación construyendo una historia transversal (Glissant). La contraplantación ha

dado pie a las distintas identidades caribeñas (horno heterogéneo transmutativo de lo

nuevo). Esa productividad cultural de la contraplantación forjó, y forja, una cultura

popular, una estética visual y literaria propias, autónomas y en desarrollo permanente.

 

La cultura puertorriqueña con sus particularidades antillanas se ha forjado en el

proceso de la contraplantación. La pintura de Francisco Oller, El velorio, es una muestra

visual de lo que fue la cultura puertorriqueña en el siglo XIX. Las culturas no son

estáticas ni funcionan en el proceso histórico como bolas de billar, más bien son procesos

porosos que se transforman en un proceso de ruptura y continuidad. Me llama la atención

un cuadro que Oller realizó como boceto para la obra mayor, titulado Jibarito tocando

güiro. En este boceto vemos a un jíbaro negro puertorriqueño tocando un instrumento

antillano en una pintura que terminó de realizarse en 1893.

 

La actividad que se proyecta en el cuadro maestro, la celebración de un velorio

baquiné, tiene raíces africanas y españolas. Esta se transforma en una actividad propia de

la contraplantación de la cultura popular puertorriqueña. El título del boceto como la

acción del jibarito en este cuestiona con solo mirar-ver-observar las tesis hispanófilas y

negrófilas que se han desarrollado en la universidad colonial a lo largo del siglo pasado.

 

La extrapolación acrítica de teorías y marcos conceptuales de los centros

metropolitanos  de estudio (Europa/USA), para la investigación y el estudio de nuestro

proceso cultural y estético, han empañado aún más el estudio, comprensión y

entendimiento de nuestra cultura, nacida y forjada en el proceso de la contraplantación.

La cultura puertorriqueña como la entendieron la mayoría de los intelectuales y

artistas puertorriqueños desde el siglo XVIII hasta Luis Llorens Torres, por poner un

límite, fue concebida como una cultura mulata y antillana; ni española, ni taína, ni

africana. En nuestro horno transmutativo de lo nuevo hemos transformado todos esos

elementos, esas corrientes en una cultura singular.

 

Palés en su poética histórica nos pudo ver en su Ten con Ten. Logró plasmar en el

lenguaje nuestra antillanía. Oller, en El Velorio como en el Jibarito tocando güiro, nos

presenta una imagen de la cultura antillana puertorriqueña que desdibuja las

especulaciones historiográficas oficiales sobre la dicotomía pigmentocrática de nuestra

identidad.

 

El jibarito de Oller es un puertorriqueño negro en la ruralía puertorriqueña. Su

imagen rompe con la visión colonial del jibaro tradicional como el blanco de la montaña

y el negro de la costa. Esa dicotomía ha llevado a la formulación de especulaciones

históricas de la existencia de dos naciones o de dos culturas que nunca conformaron una

nación antropológica. También, ha sembrado la idea de nuestra irremediable e

insuperable diferencia con el resto de las sociedades antillanas y caribeñas. Nada más

lejos de la realidad histórica social del Caribe. En nuestra geografía vital los negros y

blancos mulatos puertorriqueños se han cruzado a lo largo y ancho de la misma. Para

muestra un botón basta y esta pintura de Oller lo evidencia.

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El Velorio de Francisco Oller

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Economía política de la colonia

“Uno de los mecanismos que utiliza el estado promotor de Operación Manos a la Obra para combatir el desempleo fue la emigración y el establecimiento de industrias de alta composición orgánica de capital. Sin embargo, esta política no resuelve el problema.  Durante los años de 1947 a 1961 las empresas promovidas por la Compañía de Fomento sólo empleaban un promedio de 70 obreros por unidad de producción.  De 1969 a 1975, la compañía de Fomento se percató de que los empleos prometidos por las fábricas promovidas fueron insuficientes concretizándose sólo el 28.7% de los mismos.

Por otro lado, la compañía de Fomento esperaba que las industrias petroquímicas crearan los empleos necesarios y que surgieran “efectos de eslabonamientos hacia atrás según se fueran creando nuevas empresas para suplir materias primas y semi-elaboradas” y que “se desarrollarían eslabonamientos hacia adelante, especialmente en el sector de las petroquímicas, según se fueran creando nuevas empresas para adquirir la producción de las industrias de uso intensivo de capital”. Sucedió todo lo contrario. Estas industrias estaban eslabonadas a los canales de abastecimiento y circulación de compañías en los Estados Unidos.En ningún momento intentan desarrollar eslabonamientos en Puerto Rico, así como tampoco el estado (colonial) las motivó a ello. Debido a esto, su impacto fue mínimo en cuanto a la solución del grave problema del desempleo.  Dietz compara en su libro a estas compañías con la dinámica de las centrales azucareras en las primeras décadas del siglo XX.

El comportamiento de estas compañías petroquímicas tiene sus raíces en la naturaleza de la relación económica entre Puerto Rico y los Estados Unidos. La relación de la economía (colonial) puertorriqueña con la economía regional norteamericana no guarda una relación orgánica.Este factor me lleva a plantear uno de los puntos desarrollados por Marx sobre la dinámica del capital industrial.  El capital industrial se entreteje, ya sea en mercancías, de los modos sociales de producción más diversos, en la medida en que estos son al mismo tiempo producción de mercancías, porque “en cuanto a mercancías entran en el ciclo del capital industrial, así como en la circulación del plusvalor del que él es portador”.  De ahí que la naturaleza subsidiaria y dependiente de la economía colonial puertorriqueña aunque no comparta los elementos fundamentales de la formación social de la economía norteamericana, es decir, su desarrollo económico y político, sí colabora o engrana con el ciclo de capital industrial de las compañías matrices estadounidenses.

(En este trabajo se hace referencia a las similitudes de comportamiento industrial de las centrales azucareras, de las petroquímicas y hoy se puede incluir a las industrias farmacéuticas.)

“El proceso de producción de estas industrias comienza en los Estados Unidos utilizando capital financiero para la compra de materia prima, los medios de producción y la mano de obra estadounidense.

En esta fase de producción el capital productivo va a organizar un producto, transformado en parte en una mercancía, con un valor mayor al dinero invertido.  Aquí lo que sucede es una interrupción momentánea del ciclo, ya que la mercancía no está del todo terminada, y por ende, tampoco totalmente valorizada.  Esta se transporta a la subsidiaria (en Puerto Rico) para finalizar el proceso de producción. La fase (colonial puertorriqueña) del proceso de valorización de esa mercancía, que viene siendo un producto semi-elaborado, se une a la fuerza de trabajo puertorriqueña, y a un medio de producción local (de la subsidiaria).  Esta subsidiaria exporta nuevamente su producto, una mercancía de valor incrementado, hacia los Estados Unidos donde se vende a un costo mayor a su costo real de producción.

… esta relación de producción y reproducción de mercancías se desarrolla entre los Estados Unidos y Puerto Rico, pero el control del proceso y el excedente queda en manos de la industria matriz en los Estados Unidos. La aportación de Puerto Rico en todo este proceso es fundamentalmente de mano de obra (barata y productiva), que agrega un valor mayor al producto que es apropiado por las compañías extranjeras establecidas fuera de Puerto Rico.  Es decir, que nuestra economía (colonial) no tiene legislación para que ese proceso de valorización que se desarrolla en la isla pueda mantenerse para beneficio de nuestro desarrollo económico.”

De mi libro Sindicalismo y lucha política: Apuntes sobre la historia del movimiento obrero puertorriqueño, 1969-1972, (2010) publicado por la Editorial Tiempo Nuevo, páginas de la 110 a la 114.

Aclaración: este sucinto análisis no toma en cuenta los nuevos procesos de rotación de capital ni la manifestación del proceso de valorización en los procesos de consumo que está estrechamente ligado a la ruina planificada de nuestra agricultura por el estado colonial.

 

 

 

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El exilio de la metáfora en la poesía puertorriqueña

Ya no frecuento las lecturas de la poesía más reciente. Me parece estar escuchando crónicas del mundo seudourbano insular. La prosa casual, cotidiana, normativa se impone sobre el lenguaje poético. La metáfora y sus compañeras de viaje, la metonimia, la sinécdoque, el símbolo y la alegoría parecen haberse exiliado de la producción poética puertorriqueña actual. La subversión del lenguaje poético ha sido sustituida por la narrativa chistosa de un humor común con cierto ingenio fácil y domesticado. Todos se aplauden unos a otros y se ríen con ese humor fofo y colonial que da lástima. Por eso, no voy a escuchar a los poetas de hoy.

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La genuflexión de los intelectuales coloniales

Ayer, 15 de septiembre de 2015, presencié la Lección Magistral dictada por el Dr. Arcadio Díaz Quiñones en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico en Bayamón.  El autor de El arte de bregar, se convirtió en el conferenciante de El arte de perder.  Su conferencia titulada El arca de Noe a propósito de una pintura de Consuelo Gotay, fue una reflexión de su memoria, que bien pudo escribir o publicar como la visión de sí mismo, de su formación intelectual, para que sus discípulos coloniales pudieran de forma nihilista regocijarse con su lectura póstuma.  Me enteré quienes fueron sus maestros más importantes y que colecciona arte.  Cuando habló sobre la situación de la colonia, nos aconsejó aceptar la derrota, no hubo ningún tipo de propuesta sobre cómo los intelectuales pudieran intervenir ante la crisis colonial que no fuera, acepten lo que viene, no se puede hacer nada más que leer.  Fue la conferencia de un intelectual derrotado y de la genuflexión colonial internalizada por sus discípulos.

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Es posible la independencia de Puerto Rico, colonia USA?

¿Es posible la independencia de Puerto Rico, colonia USA?

Por Raúl Guadalupe de Jesús

Cuando los estadounidenses invadieron a Puerto Rico, a Cuba y a Filipinas en la guerra española-estadounidense de 1898 la llegada de los invasores no fue recibida con cariño en ninguna de las posesiones españolas.   En Cuba y en Filipinas hubo una resistencia radical permanente resultando en la Enmienda Platt, independencia con protectorado, y en la independencia de las Filipinas.

Puerto Rico quedó sometido al gobierno militar estadounidense. No obstante esa realidad, la invasión no fue un picnic como cierta historiografía colonial expone. La invasión recibió resistencia del ejército español en la zona centro sur y hubo varios movimientos rebeldes puertorriqueños que se expresaron contra la invasión, la respuesta militar de Ciales el 13 agosto de 1898 compuesta de 600 campesinos ha sido uno de los sucesos que la historiografía oficial ha dejado en la oscuridad, y las llamadas partidas sediciosas, le hicieron frente en escaramuzas a las tropas invasoras. También, hay que plantear que hubo sectores políticos y sociales del país como la clase propietaria, vinculadas al autonomismo, que vieron con buenos ojos la intervención militar arguyendo que con ello se trasplantarían los derechos democráticos liberales estadounidenses de inmediato a la isla. Realmente, el desiderátum de esta clase social era insertarse en el mercado estadounidense con la ilusión de ser los principales proveedores del azúcar de la nueva metrópolis.  Se trasplantó un gobierno militar, la compra a quemarropa de la tierra devaluada en la isla, por el cambio de moneda, por parte de las centrales azucareras estadounidenses y la eliminación de uno de los derechos democráticos fundamentales, la Libre determinación.

Una fracción mayoritaria de los propietarios puertorriqueños le entregaron el gobierno a los invasores.   Estos sectores capitaneados por Luis Muñoz Rivera y José Celso Barbosa colaboraron con la intervención política-militar y económica, y estuvieron dispuestos a convivir con una dictadura político-militar liberal.   Algo parecido, no igual, al colonialismo británico en Irlanda.

Las condiciones de vida de las clases trabajadoras puertorriqueñas bajo la dictadura de las corporaciones del azúcar y del tabaco, atacando las industrias locales y sometiendo al capital puertorriqueño, fueron paupérrimas.   La década de 1920 es una de transiciones políticas importantes y una de crisis social y económica en la sociedad puertorriqueña de la primera posguerra o del mundo entre guerras.

En el escenario de la política insular aparecen dos figuras políticas centrales: Luis Muñoz Marín, colaborador social del imperio y Pedro Albizu Campos la figura política anti-imperialista más coherente con una visión política y social sobre la república de Puerto Rico.

La labor de Albizu Campos germina en un movimiento de liberación nacional revolucionario que decide enfrentar al imperialismo.   El nacionalismo albizuista fue el único movimiento que rompe con el imperio y se decide a crear una crisis política para forzar al mismo a ceder la independencia de la Isla. Ante esa tamaña e importante empresa, el imperialismo como todos los imperialismos fue despiadado, la represión fue sin cuartel. Una represión muy bien planificada, consistente en la eliminación de los cuadros revolucionarios anti-imperialistas, la apertura de ciertas beneficiencias sociales y la reorganización de la política partidista colaboracionista.

El Partido Comunista minúsculo, reducido a la influencia del Partido Popular Democrático y luego eliminado por la política del browderismo en 1943 desdibuja la posible influencia que pudo tener en la política puertorriqueña.   El alejamiento de los comunistas puertorriqueños del trabajo anti-imperialista en la Segunda Guerra Mundial y su concentración en el trabajo social, desvinculado de la labor anti-imperialista en una colonia según las tesis leninistas, atrajo a los comunistas que militaban en el nacionalismo revolucionario en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y en la posguerra.

Estos factores, sin duda, afectaron políticamente al nacionalismo revolucionario, dejando un espacio político amplio al desarrollo de la política de colaboración del PPD y Luis Muñoz Marín. Sin embargo, las fuerzas anti-imperialistas siguen desarrollando su lucha en el contexto de las décadas de 1950 y 1960, la revolución anti-imperialista y socialista cubana será un suceso cardinal en la historia del Caribe. En ese proceso los independentistas liberales se aglutinan en el Partido Independentista Puertorriqueño, bajo los influjos de la radicalización de la revolución cubana y la insurrección nacionalista de 1950, sectores radicalizados abandonan el PIP y junto a los comunistas provenientes del nacionalismo y del Partido Comunista, entre ellos la figura central de César Andreu Iglesias del PC, se funda el Movimiento Pro-Independencia, MPI.

El MPI motoriza la lucha de independencia en un contexto de crisis político-económica en la colonia y de guerras de baja intensidad en el contexto mundial. El independentismo anti-imperialista y socialista comienza a insertarse en el movimiento obrero y en las masas populares, de forma prolongada. Un trabajo que fue abortado por las visiones aceleradas de los procesos políticos y sociales que llevó a una desarticulación de las estructuras organizativas del Partido Socialista Puertorriqueño, criatura política del MPI.

El imperialismo y su estado colonial, como parte de la represión directa a los cuadros revolucionarios, apoyados por una emigración cubana de derecha que se ancló en este país con una actitud igual de imperialista, implantó un nuevo sistema de beneficiencia social que mitigó, y mitiga, de forma relativa algunos problemas apremiantes de las masas pobres y trabajadoras del país.  Nuevamente, el imperialismo utiliza la beneficiencia social para atraerse a los amplios sectores sociales que pueden constituir la base de la revolución puertorriqueña. Esa base social en los años del desarrollo de la industrialización dependiente y colonial la constituía los sectores populares y la clase obrera cuya presencia numérica era significativa. Una vez se desploma la industria petroquímica y se elimina las empresas 936 la clase trabajadora puertorriqueña asiste a un proceso de achicamiento en su vertiente industrial y adquiere una mayor presencia en el sector público.   En términos generales, en la actualidad la clase obrera es más pequeña que en la primera mitad del siglo XX y menor a la existente en los años de 1960 al 1980.

Podríamos establecer que ha ocurrido un achicamiento de la clase trabajadora oficial y una ampliación del sector trabajador informal y de los sectores populares, sumado a un avance significativo de la economía del narcotráfico.   A ello hay que sumarle un factor, la ampliación de las transferencias federales. El fondo de las transferencias federales y el presupuesto colonial son los fondos que han servido de abastecimiento, por medio del robo legal e ilegal, de capital a la burguesía parasitaria puertorriqueña articulada políticamente en el Partido Popular Democrático y en el Partido Nuevo Progresista. Esa burguesía parasitaria ha expandido y profundizado sus garras de pillaje sobre esos fondos ante su carencia de fuentes de acumulación de capital.   Hay añadir que sectores de esa burguesía parasitaria, además de vivir del dinero público, tienen sus inversiones en el mundo del narcotráfico.

A ello hay que sumar otro factor, la dependencia en un 85% de productos confeccionados en el extranjero en su mayoría por marcas corporativas estadounidenses. Un pueblo que no coma, vista y calce con productos en un gran porciento elaborados en su territorio es uno cuya mirada esta volcada hacia el exterior abandonando toda posibilidad de conocerse desde sus raíces, desde su interioridad. Y los individuos como los pueblos que no tengan una psiquis interior coherente, una personalidad definida, están destinados a la “bipolaridad política”.

 

La crisis de la izquierda política y la crisis política de la colonia Puerto Rico USA

           

            Ya casi es un denominador común decir “la crisis de la izquierda”. Los factores generales de esa crisis ya se han sobreanalizado pero sin la voluntad política no hay programa ni proyectos, ni análisis revolucionarios que se puedan implantar. La voluntad política requiere de un compromiso que los integrantes de la izquierda política no estamos dispuesto a pagar. Problemas como el sectarismo, el gigantismo, el practicismo, el teoricismo, entre otros, han existido y existirán, todos esos malos funcionamientos pueden neutralizarse si existiera una práctica revolucionaria coherente y clara.

La izquierda puertorriqueña ha sufrido de un fenómeno en las últimas décadas poco estudiado, su colonización euroestadounidense.  Los centros de enseñanza en el mundo moderno se convirtieron en un momento dado en focos de generación de pensamiento crítico; donde se producían juicios racionales rigurosos sobre los problemas centrales del mundo contemporáneo y se exponían soluciones que en algunos momentos estuvieron acompañados de una acción política.

La invasión de las nuevas ideas posestructuralistas del pensamiento sociológico e historiográfico de la academia europea a la universidad colonial puertorriqueña desmontó toda posibilidad de pensamiento crítico.   Si el pasado es una construcción social lingüística y solo se puede acceder meramente como una escritura literaria, la verdad como concepto entonces es sumamente relativa y su estatuto es cuestionable hasta el extremo de negarla. Esa es una de premisas fundamentales asentadas en la historiografía y en las ciencias sociales puertorriqueñas.   La versión de ese pensamiento irracional europeo nos llegó a la universidad colonial insular por medio de la academia estadounidense.

Otra consecuencia de esas ideas irracionales es que las luchas sociales hay que darlas de forma seccionada, el llamado seccionalismo estadounidense. En Puerto Rico, la mujeres están organizadas, los gay, transgéneros y las lesbianas, los ambientalistas, los sindicalistas, los independentistas y los estudiantes. Cada grupo se aferra a su pequeña trinchera, su horizonte político no trasvasa su grupo o sección.   Los independentistas que podrían parecer los que tienen una visión de la totalidad del problema han caído presa del soberanismo colonial del Partido Popular Democrático, y la independencia ni la impulsan, ni la plantean, ni la defienden pues los derechos democráticos, esbozados y definidos por el progresismo estadounidense, son primeros. Relegando el más fundamental derecho democrático para una comunidad colonizada, el derecho a su independencia. El derecho a conquistarla por todos los medios posibles y a adquirir pleno control de su territorio, agua y cielo, y a organizarse políticamente en una república.

Entonces si el seccionalismo estadounidense se ha impuesto como programa activo y la independencia ni se invoca en los centros espiritas, el futuro de la nación puertorriqueña será ser colonia USA por largos años cuando no toda la vida.   Es en ese sentido, que parte de la izquierda puertorriqueña yace colonizada por la ideología irracional euroestadounidense.   Tan es así, que en la pasada campaña electoral un líder político de los trabajadores, candidato a gobernador, sostuvo en entrevista que estaba dispuesto a que los estadistas lo convencieran de esa opción de estatus. La independencia se ha convertido en un problema para los independentistas. Hasta ese extremo nos han arrinconado en la colonia.

Mientras más se profundiza esta tendencia colonialista en la subjetividad y objetividad de los resortes de la sociedad colonial puertorriqueña, más difícil se hace articular un movimiento de liberación nacional. El trabajo político en esa dirección confronta nuevos escenarios no antes agudizados como es el problema de la narcocolonia. El trabajo político de liberación nacional en los sectores populares y en otros grupos sociales tiene que prender de un proceso prolongado, con cuadros políticos formados no en el espontaneísmo ni en el protagonismo mediático, sino en una política revolucionaria paciente y planificada, cuyo objetivo central sea ir elaborando un convencimiento de la necesidad de la independencia.

En sus inicios ese trabajo político será anónimo mientras vaya tomando forma y presencia organizada, con una ofensiva clara, consciente que en la defensiva no se avanza, que es la ofensiva donde todo movimiento político logra acumular fuerzas y experiencias para el accionar político.   Con esta perspectiva el movimiento de liberación nacional debe insertarse de forma prolongada en las comunidades pobres, en los centros de trabajo y de estudio, en las distintas luchas del pueblo sin caer en el sectarismo del seccionalismo, y tomando clara distancia de los partidos coloniales. Se hace necesario un proyecto político de liberación que rebase los estrictos marcos de los intereses individuales. Un proyecto de liberación que no sea rabiza de ningún movimiento internacional ni metropolitano. El proyecto de liberación nacional debe comenzar a sembrarse en las mentes de los puertorriqueños, y ese movimiento se tiene que comenzar a proyectar por todos los medios posibles. En la escuela, en la comunidad, en la participación electoral, en el trabajo internacional, en los grupos de mujeres, en la lucha ambiental, en el trabajo agrícola, etc., la llamada amplitud no debe ser un pretexto para dejar de impulsar la idea de la necesidad de la independencia. Ello requiere de un trabajo político largo, paciente e informativo. Es el antídoto más eficaz para confrontar de forma creativa la destrucción colonialista de nuestra sociedad, sembrar la idea de la necesidad de la independencia nacional.

 

 

La pregunta

            La interrogante con la cual titulé este ensayo es una que pretende ser abierta para que los que se sientan llamados a contestarla puedan hacerlo. Ya esbocé algunas ideas generales en mi intento de ofrecer posibles repuestas.

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Primero de mayo proletario

El movimiento obrero puertorriqueño se mostró dividido y debilitado en la celebración de los actos del Primero de Mayo.  La festividad internacional obrera es la expresión más radical del movimiento obrero.  La fecha conmemora el sindicalismo político clasista y revolucionario contra el capital.  En sus orígenes las ideas radicales estaban marcadas por el marxismo y el anarquismo, lejos de las tendencias tradeunionistas o del sindicalismo empresarial estadounidense, y  esas ideas radicales permeaban al movimiento obrero en su conjunto.  Hoy, mayo de 2015, el movimiento obrero puertorriqueño, por un lado, está permeado por un sindicalismo reformistas que incluye al sindicalismo empresarial y a los sindicatos y movimiento políticos reformistas coloniales, y por otro lado, a una vertiente radical que tiende a impulsar ideas más avanzadas y de ruptura pero con una política de alto contenido sectario e inflexible.  El sindicalismo empresarial con su fondo monetario de AFL-CIO domina definiendo al sindicalismo puertorriqueño como uno refromista y legalista muy cercano al Partido Popular Democrático.

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Situación actual del movimiento obrero puertorriqueño

Situación actual del movimiento obrero puertorriqueño

Por: Raúl Guadalupe de Jesús

            La historia del movimiento obrero puertorriqueño está estrechamente ligada desde sus orígenes a la condición política del colonialismo.   La Isla desde la llegada de los europeos y los estadounidenses ha sido un enclave de explotación colonial.  Esta situación política ha determinado las dimensiones históricas y políticas de  la realidad puertorriqueña, desde su existencia como comunidad material antropológica sobre el globo y, particularmente, sobre el archipiélago antillano.

            Es importante tener conciencia del estado colonial para poder abordar de forma adecuada nuestros problemas sociales.  Sobre todo para  acercarnos al análisis de la realidad actual del movimiento obrero puertorriqueño.   No partiré de un análisis desde los orígenes porque intereso detenerme en la realidad actual.  En historia, cuando se habla de la realidad actual, el análisis comprende la observación de varias décadas o años.  

            La estructura histórica del movimiento obrero no se reduce al movimiento de trabajadores organizados en sindicatos.  Incluye la realidad de todos los trabajadores, de todas sus organizaciones; ya sean cooperativistas, comunales, sindicales y las organizaciones políticas que plantean la defensa de sus intereses, desde las reformistas hasta las radicales.  La heterogeneidad del movimiento obrero no reside solo en su diversidad de funciones en la estructura de trabajo si no en sus manifestaciones políticas organizativas.  No obstante,  esa heterogeneidad  tiene que ser coordinada y planificada de forma coherente en una unidad organizativa, para poder negociar de forma contundente con los patronos o para que si se crean las condiciones materiales poder provocar cambios  en la política del país.

            En la década de 1940, el movimiento obrero puertorriqueño tuvo una de las primeras centrales de trabajadores independientes forjadas por los líderes sindicales del momento, por  el incipiente Partido Popular Democrático y el Partido Comunista Puertorriqueño. La Confederación General de Trabajadores (CGT) fue la primera organización obrera moderna que acaparaba la amplia variedad de la clase obrera insular.   La CGT se organiza en el Puerto Rico dirigido por uno de uno de los intelectuales orgánicos más efectivos y coherentes del imperialismo estadounidense, Rexford  G. Tugwell, perteneciente al llamado brain trust del presidente Roosevelt.   Antes que Tugwell culminara sus gestiones en la colonia, la fuerza sindical y obrera de la CGT se dividió a causa de las políticas de control que el Partido Popular Democrático introdujo en la central de trabajadores.   El Partido Comunista no pudo detener o frenar la fragmentación de la CGT debido a los controles coloniales que el Partido Comunista de los Estados Unidos  tenía sobre este. En 1943 el Partido Comunista estadounidense ordenó la desorganización del Partido Comunista Puertorriqueño (Investigación en desarrollo).

            Luego de la fragmentación de la CGT, ocurre la segunda gran llegada de las sindicales internacionales de la AFL-CIO, profundizando la fragmentación del movimiento sindical local y la aprobación de leyes anti-obreras como la Ley Taft-Harley. Es importante señalar que la división de la CGT por los líderes del Partido Popular Democrático impone 25 años de paz laboral en el ambiente político insular.  Aunque durante este período ocurrieron varias huelgas, ninguna tuvo el impacto de estremecer las condiciones políticas de la colonia.  Después de este primer esfuerzo organizativo de una central de trabajadores, los segundos intentos se realizaron a finales de la década del sesenta y en el primer lustro de la década de los setenta con la organización del Movimiento Obrero Unido y el accionar político del Partido Socialista Puertorriqueño (en su primer lustro de organización como señala Ángel M. Agosto). 

             La crisis económica del capital en la colonia (el sistema capitalista entra en la primera recesión generalizada de la posguerra en los años de 1974-1980) produjo unos niveles de desempleo que golpearon de forma severa la gestión de la organización sindical, el aumento de las transferencias federales y la crisis de las organizaciones políticas radicales determinaron la orientación de coexistencia pacífica entre los trabajadores y los patronos.  El patrono principal del movimiento sindical organizado es el gobierno. 

             A principios de los años ochenta, el movimiento sindical organizó un frente sindical llamado el Comité de Organizaciones Sindicales (COS).  Este frente sindical estuvo compuesto nominalmente por 86 organizaciones sindicales entre las que se destacan las pertenecientes a la Central Puertorriqueña de Trabajadores, las organizaciones bonafide, el Concilio General de Trabajadores, organizaciones sindicales del Sector Público Independiente, de la Federación del Trabajo (AFL-CIO), Sector Privado Independiente y organizaciones fraternas.  Hay que destacar que, entre los años de 1976 al 1982, se realizaron varias huelgas de los trabajadores de la Autoridad de Energía Eléctrica y la huelga masiva de los estudiantes universitarios de 1981.  Estas huelgas motorizaron el auge electoral que el Partido Popular Democrático obtuvo en las elecciones de 1984.

            El COS funcionó entre las décadas de 1980 y 1990.  Fue el frente sindical que comenzó a movilizarse en contra de la venta de la Compañía Telefónica  desde los tiempos de la segunda administración colonial de Rafael Hernández Colón y el PPD.  Estas luchas se extendieron hasta el segundo periodo de la gobernación de Pedro Rosselló González.   

            Durante la gobernación de Hernández Colón el movimiento obrero se movilizó con cierta fuerza frente a los predios de la Asamblea legislativa colonial.  Los sectores políticos radicales que defendían los intereses del movimiento obrero comenzaban a entrar en un período de crisis organizacional aguda a nivel local e internacional. La primera manifestación de esa crisis fueron las derrotas revolucionarias en Centroamérica y el Caribe, y la caída del bloque soviético. En Puerto Rico, los sectores más radicalizados se articulan en 1989 en lo que se conoce como el Frente Socialista de Puerto Rico, luego de la derrota y el desplome de las organizaciones revolucionarias radicales en los primeros cinco años de la década de 1980.  La acción de este sector político fue una de solidaridad con el movimiento obrero.  El Frente Socialista nunca pudo articular un plan estratégico, disciplinado y coherente de organización obrera.  Sus filas estaban compuestas por individuos militantes de las décadas anteriores, por organizaciones socialistas muy pequeñas y por jóvenes radicalizados, en su mayoría universitarios.  En sus comités era muy poca la presencia de trabajadores del sector público y privado.  Así se mantuvo en toda su existencia productiva. El Frente Socialista jugó un papel importante en la lucha contra la venta de la Telefónica en el segundo período de la gobernación del PNP y Pedro Rosselló González.  Su labor fue importante en la organización del Comité Amplio de Organizaciones Sindicales (CAOS).

            No obstante, luego de un largo proceso de huelga el Frente Socialista no cosechó frutos de ese proceso de lucha obrera.  Ello respondió a la inexistencia de una política estratégica de organización para con los trabajadores.  Podríamos decir que luego de ese proceso el movimiento obrero en su conjunto aceleró su crisis organizacional.  Antes de la huelga contra la venta de la Telefónica, en el primer período de la administración colonial de Rosselló González, se aprobó la Ley de sindicalización de empleados públicos conocida como la Ley 45.   Esta ley motivó otra gran oleada invasiva de la AFL-CIO en el movimiento sindical insular.  

            El modelo organizacional de la AFL-CIO entronizó el sindicalismo corporativo en el movimiento obrero puertorriqueño.  El sindicalismo corporativo visualiza la organización sindical como un negocio ‘tradeunionista’ de cuotas y servicios.   Matiza en lo mínimo la movilización obrera y desarrolla una educación sindical orientada a la paz laboral y a la negociación con los sectores patronales, incluyendo el gobierno patronal.  En los Estados Unidos es más que conocida su trayectoria de vínculos con el Partido Demócrata.  También, se han realizado estudios sobre el papel de esta sindical internacional en la intromisión política norteamericana en el movimiento obrero latinoamericano y caribeño. 

            En el movimiento obrero puertorriqueño durante la primera década de este siglo hemos evidenciado la política sindical de la AFL-CIO, incluyendo a sus desprendimientos, de imponer una paz laboral, la negociación de cuota y servicios, y la estrecha colaboración con las políticas patronales del gobierno colonial.  Hemos evidenciado como dirigentes obreros han sido nombrados a Juntas de Gobierno de la actual administración colonial.  Los sueldos de los dirigentes del sindicalismo corporativo se equiparan a los de algunos directores o jefes de agencias del gobierno colonial.   Mientras el sector de trabajadores del sector público ha recibido, y sigue recibiendo, los más despiadados ataques de los gobiernos PPD-PNP, los sindicatos en el sector de la construcción han desaparecido y en la manufactura sus niveles de organización sindical se han reducido de un 6 % a un 1%.  La aprobación de la ley 45 impuso mecanismos de descertificación más severos a las organizaciones sindicales y  prohibió el derecho a la huelga. En 1998 solo el 7% de los empleados públicos estaban organizados bajo esta ley, hoy en el 2014 sobrepasa el 10%.

            Las estadísticas más recientes del Negociado de Estadísticas del Trabajo del año 2005 exponen que la cantidad de trabajadores asalariados es de 1, 250,000; de obreros organizados 141,000 y de trabajadores unionados 122,000.  Para octubre del 2008, el empleo asalariado se registra en 1,000,000; los obreros organizados  en 143, 000 y los unionados en 104,000.  Hubo una merma de trabajadores sindicalizados entre el 2005 y el 2008.   Luego de la huelga contra la venta de la compañía telefónica, en el país no se ha registrado una lucha obrera de igual envergadura.  Según estadísticas del Departamento del Trabajo el movimiento obrero empleado en el país  ha descendido a un 39%.  Cifra nunca antes alcanzada en la historia desde la segunda mitad del siglo pasado.

            Durante la administración colonial, dirigida por Aníbal Acevedo Vilá, la Federación de Maestros de Puerto Rico se lanzó a un proceso huelgario importante en contra de la privatización del sistema público de enseñanza.  Esa huelga tuvo dos logros importantes, detuvo de forma momentánea la privatización del sistema de educación pública y se retó por primera vez la ley 45 que prohibía el derecho a la huelga.   Dicho proceso huelgario (que merece un estudio más detenido) produjo también dos consecuencias nefastas para el movimiento obrero, la descertificación por parte del patrono de la Federación y las acciones inadecuadas de los sectores políticos que históricamente han defendido los intereses del movimiento obrero como el MINH, el MAS y el MST  (este último punto también merece un análisis más detenido).  Cabe señalar que las pugnas organizacionales de dos de estos sectores y las posiciones anti-huelgas de uno de ellos no ayudaron en nada a la organización magisterial.   

            Los despidos masivos del gobierno colonial bajo la dirección de Luis Fortuño Burset generaron una marcha del movimiento obrero de miles de trabajadores que  ni siquiera se atrevieron a estremecer los lugares simbólicos del gobierno colonial patronal: el Capitolio y la Fortaleza.   Esta marcha de miles de trabajadores que se concentró frente a Plaza Las Américas estuvo dividida desde su liderato hasta su base.  El movimiento obrero no fue capaz de presentarse como una fuerza compacta y solida.  Luego de esa marcha, todo el mundo se reintegró a sus labores cotidianas y no sucedió nada trascendental.

            No cabe la menor duda que la derrota electoral de Luis Fortuño Burset en las elecciones pasadas se debió a los golpes rudos que dicho partido, con el apoyo de la clase burguesa parasitaria del patio, le propinó a los trabajadores del país.  Esa clase burguesa parasitaria roja-azul está organizada en la Asociación de Industriales, en la Cámara de Comercio y en la banca del país.  Esta posee control e influencia en los aparatos ideológicos del estado como la prensa, la radio y la televisión.  Un ejemplo muy reciente es el programa que todas las televisoras extranjeras en la Isla produjeron en contra de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y en contra de la UTIER. 

            El gobierno de Alejandro García Padilla es la continuidad del gobierno neoliberal de Fortuño.  Los sectores independentistas que prefieren la medicina amarga de los rojos es por una cuestión de estilo y lenguaje, y otros porque ocupan puestos de confianza en gobiernos municipales del PPD.  Todo esto porque su posición social en la sociedad colonial es mucho más cómoda que la de los trabajadores asalariados del país.  Incuso, algunos de estos sectores han querido hacer una revisión histórica de la figura de Luis Muñoz Marín y se inclinan a justificar todas las políticas anti-obreras de la administración de García Padilla.

            Ante esta nueva embestida contra los trabajadores, el movimiento obrero se encuentra profundamente dividido y debilitado. Su legitimidad social frente a los sectores populares es pobre. El apoyo que pueda generar en los endebles sectores políticos organizados que defiende los intereses de los trabajadores es casi inexistente.    Una esperanza que intenta abrirse paso en el horizonte político son las propuestas de reforma social que el Partido del Pueblo Trabajador (PPT) ha lanzado al debate público partidista a favor de la clase obrera.  El PPT se presenta como una versión contemporánea de lo que fue el PPD en los años cuarenta según su versión revisada de la historia de ese partido.     Habría que esperar por el trabajo político de base obrera que el PPT desarrolle a largo plazo. 

            Otra organización que intenta influenciar las estructuras débiles del movimiento obrero es el Movimiento Socialista de Trabajadores (MST).  Esta organización tiene sus focos de trabajo sindical concentrados en el magisterio, en la FMPR y en algunos sectores obreros del sector privado.   Veremos si pueden desarrollar un trabajo político efectivo y duradero en las filas de los trabajadores organizados.

            Creo que estamos viviendo las consecuencias de una larga crisis organizativa que se abrió paso acelerado en 1976 con la división del Partido Socialista Puertorriqueño.  Como nos dice uno de los fundadores y principales dirigentes de esa organización, Ángel M. Agosto, en su ensayo “¿Qué está pasando en el movimiento obrero?”. Este ensayo se publica recientemente en su libro 5 ensayos para épocas de revolución. En él expone unas palabras cuya pertinencia para el momento actual resuenan como un eco repetido.  Nos dice:

                  Como no se puede cosechar lo que no se ha sembrado, no se puede pretender un nuevo movimiento obrero si no se ha                       trabajado en serio para ello, sino con esfuerzos realmente esporádicos y fugaces.

                  La mentalidad de corto plazo, cuando se apodera de las instancias decisivas en las luchas revolucionarias, no tiene otra                       consecuencia que envolver a los movimientos sociales en unos extenuantes e inútiles círculos viciosos con efectos                               desmoralizadores para los que luchan.

                  ¿Cuántas veces no hemos abandonado el trabajo paciente, silencioso, de establecimiento de bases de poder cuyos frutos                   no se verían sino a largo plazo, en aras de unas campañas con objetivos de corto plazo, muchas veces efímeros pero                           cuyos efectos reales los sobrestimamos, abrumándonos nosotros mismos con nuestra retórica eclipsante? (73-74)

 

Nota de coyuntura:  Con la implantación reciente de las políticas neoliberales contra el pueblo trabajador por parte del Partido Popular Democrático, un sector del movimiento sindical organizado en las corporaciones públicas y demás dependencias gubernamentales se deciden a realizar una serie de acciones sindicales.  Paros selectivos y paros generales, veremos si la realidad de estas futuras movilizaciones puede levantar al movimiento obrero en su conjunto de su crisis estructural y política.

 

Hato Rey, Puerto Rico

5 de junio de  2014

 

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